El emperador Trajano –precedido en el trono por el reinado breve y deslucido de Nerva y seguido por el de Adriano– llevó el imperio a su auge de extensión territorial. Este soldado emperador era tan hábil que fue declarado oficialmente optimus princeps ("el mejor gobernante") por el Senado romano, que tal vez no fuera imparcial, pero gozaba de una cierta perspectiva. Trajano es también famoso por su reinado relativamente filantrópico (en comparación con la mayoría de los otros emperadores, al menos), la realización de grandes proyectos de construcción pública y la introducción de políticas sociales con visión de futuro, muchas de estas abandonadas –debido a la estrechez de miras del Senado– después de su muerte en el año 117. Es considerado el segundo de los "cinco emperadores buenos" (aunque Maquiavelo acuñó el término en 1503, por lo que debe tomarse con ciertas reservas).
Marco Ulpio Trajano nació en la provincia romana de la Bética en el año 53 d. C., hijo de un senador y general prominente y ni siquiera era puramente romano (quizá para bien). En su juventud, entró a servir en el ejército, una carrera que en el imperio solía llevar a cosas buenas... suponiendo que uno sobreviviera a la guerra casi continua en las fronteras. Trajano ascendió rápidamente combatiendo en algunas de las lindes más beligerantes y se ganó el respeto de hombres poderosos. Lo nombraron cónsul, formó un buen matrimonio con la hija de una familia rica (aunque los relatos de la época señalan algunas actividades extramaritales esporádicas) y el nuevo emperador Nerva lo proclamó hijo adoptivo a "instancias" de la guardia pretoriana.
Cuando el viejo emperador Nerva murió 15 meses después, Trajano le sucedió y poco después lo divinizó (eso de tener amigos en las altas esferas siempre ayuda). Tras volver a Roma –en ese momento estaba en las fronteras, como de costumbre– dio a los plebeyos una ayuda monetaria, asegurándose su popularidad entre la plebe. También tuvo la astucia de fingir que era reacio a tomar el poder, incluso cuando empezó a entablar relaciones pragmáticas con las familias senatoriales ricas. Irónicamente, uno de los temas dominantes del mandato de Trajano fueron sus injerencias constantes en las prerrogativas tradicionales del Senado romano en la toma de decisiones.
A Trajano le gustaba la arquitectura y auspició obras por todo el imperio, así como en la propia ciudad. También le gustaba poner su nombre en ellas, por si la historia olvidaba que una vez fue emperador. Así, con el tiempo, hubo una Columna de Trajano, un Foro de Trajano, un Puente de Trajano, un Mercado de Trajano, otro Puente de Trajano –en Alcántara (España)– y un montón de caminos, acueductos y construcciones más diseminadas por el mundo. También sentía debilidad por financiar arcos de triunfo para celebrar las victorias romanas; teniendo en cuenta los éxitos que sus fuerzas tuvieron en las guerras en Oriente Próximo, no le faltaron oportunidades.
Sin embargo, los romanos lo aclamaron más como general victorioso (al fin y al cabo, otro montón de piedras no es nada en comparación con más tierras y esclavos). Su primera conquista fue el reino "cliente" de Dacia, enclavado a una y otra orilla del Danubio, con el que el emperador Domiciano había firmado una década antes una paz vergonzosa y desfavorable (para Roma, al menos). Tan pronto engulló Dacia entera, Trajano se anexionó Nabatea (hoy, el sur de Jordania y el noroeste de Arabia Saudita), otro reino cliente que había demostrado ser molesto. En el año 113 d. C., Trajano se embarcó en sus últimas campañas, esta vez en el este, contra los partos, que habían tenido la arrogancia de ayudar a un rey de Armenia que era inaceptable para Roma. Trajano primero entró en Armenia y la agregó al Imperio y luego marchó sobre Mesopotamia y sometió a las ciudades partas y los estados vasallos. A finales del año 116, ya había terminado: había depuesto al rey parto y había colocado a un títere romano en su lugar al frente de los restos del reino. Sin embargo, la salud de Trajano empezó a fallar; además, antes de que pudiera completar su plan de conquistar toda Asia Menor, se vio obligado a sacar las legiones para hacer frente a algunos molestos rebeldes judíos.
A pesar de que Trajano solía ausentarse de Roma, hizo sentir su presencia, manteniendo contenta a la plebe. Una de sus medidas mejor recibidas fue un espectáculo de tres meses de gladiadores en el Coliseo –en el que murieron unas 11 000 personas (en su mayoría esclavos y criminales) y miles de "fieras"–, que supuestamente atrajo a más de cinco millones de espectadores. Un acto un poco más benévolo fue la organización de los "alimenta", un fondo público para ayudar a los huérfanos y niños pobres que vivían en la ciudad de Trajano y alrededores. Fue una de las diversas medidas imperiales para mejorar la suerte de los ciudadanos romanos, al menos los que vivían en la península Itálica.
Todas estas guerras y juegos y edificios públicos y programas eran caros. Así que Trajano se dedicó a hacer frente a la crisis financiera que había heredado. Su primera medida fue el establecimiento de "correctores" (auditores) para supervisar el gasto civil de las ciudades griegas, técnicamente libres, y también se aseguró de que la recaudación de impuestos imperiales fuera cada vez mejor (dada la tradición griega de corrupción, un acierto). En el año 107 d. C., Trajano devaluó el cuño romano, reduciendo la cantidad de plata en el denario, y luego acuñó más cantidad de denarios que cualquiera de sus predecesores. En poco tiempo, pese a los gustos caros de Trajano, Roma volvió a ser solvente.
Trajano, pese a encontrarse enfermo, salió de Roma en su última campaña contra los partos, pero murió repentinamente de un edema –en la cama, una hazaña poco habitual entre los emperadores romanos– al llegar a Selinus (más tarde rebautizada como Trajanópolis, por supuesto). En el momento de su muerte, el Imperio romano había alcanzado su máxima extensión, desde Hispania hasta el Éufrates y desde la frontera de Escocia hasta el bajo Nilo. Sus sucesores, a partir del siguiente, Adriano, se pasaron la mayor parte del tiempo (cuando no estaban en bacanales) fortificando esas fronteras.