Se ha de ser un buen hombre para aprender de tus amigos y aún mejor hombre para aprender de tus enemigos. Menelik II, por aquel entonces Sahle Miriam, nació el 17 de agosto de 1844 en Shewa, Etiopía. Era solo un niño cuando el emperador Teodoro (Tewodros) II invadió la región de Shewa y mató a su padre, el príncipe Haile-Melekot. Pero en lugar de acabar con el linaje de Haile-Melekot y erradicar una posible amenaza para su gobierno, el emperador decidió llevarse al joven a la corte de Magdala; aunque Sahle no era libre, sino un rehén político. Sin embargo, Teodoro no encerró a Miriam en una torre lejana, sino que lo crio junto a sus hijos y lo trató bien. El chico aprendió lo que pudo del emperador durante este tiempo, y llegó a comprender e incluso compartir su esperanza de ver una Etiopía unificada. Sin embargo, Sahle quería ser libre igualmente y, en 1865, huyó de la corte con la ayuda de otros rehenes de Shewa.
El gobernador de Shewa huyó al llegar Sahle, y el príncipe recuperó el trono con poca resistencia, convirtiéndose en el rey de Shewa. Sin embargo, no estaba dispuesto a conformarse solo con esa provincia. Observó a Teodoro y esperó. Incluso tras su muerte, en 1868, siguió siendo paciente. Sahle sabía que necesitaría apoyos si quería convertirse en el próximo emperador. También necesitaba aliados si quería ver cumplido su sueño de una Etiopía moderna y unida. Sin perder eso de vista, Sahle hizo contactos con los reinos cercanos. Cuando el emperador Juan (Yohannes) –atrapado entre europeos expansionistas, con Egipto al norte y un fundamentalismo religioso en Sudán, al oeste– cayó en combate, Sahle supo que había llegado el momento.
Sahle Miriam se proclamó emperador con el nombre de Menelik II el 3 de noviembre de 1889, inspirándose en Menelik I, el hijo de Salomón y la reina de Saba. Con este nombre planeó hacer que su reinado fuera largo y próspero para el pueblo etíope.
Uno de los primeros desafíos a los que se enfrentó Menelik como emperador fue la invasión de los italianos, a quienes los británicos –jugando un poco a dos bandas– habían "dado" la costa del Mar Rojo (porque querían un tapón entre el Egipto que acababan de adquirir y la Somalia francesa). Menelik negoció con los italianos y firmó el tratado de Wichale. Este acuerdo solo tenía como objeto dar la recién fundada colonia de Eritrea a Italia. Sin embargo, se malinterpretó para permitir a los italianos el derecho a reclamar Etiopía. Menelik intentó resolver el problema de manera pacífica, pero al final se vio obligado a rechazar el tratado y defender la tierra de Etiopía. Tras varias escaramuzas y una batalla importante en Adwa, Menelik y Etiopía triunfaron. Con esta victoria negoció el tratado de Adís Abeba, que estableció que Etiopía era independiente.
La batalla de Adwa fue un punto de inflexión en la historia mundial. Antes, los países europeos se habían considerado superiores a casi cualquier otro lugar del mundo. Pero una nación africana había conseguido defenderse de una europea. Los pueblos colonizados de África, Asia y América tomaron pronta nota de esta victoria. El colonialismo tenía los días contados.
Tras el tratado, Menelik se dispuso a modernizar Etiopía y a consolidarla como una nación poderosa con su propia identidad. Construyó la capital de Addis Abeba en tierras de Oromía adecuadas y creó una moneda nacional. Trabajó para desarrollar las infraestructuras nacionales construyendo colegios y haciendo que los viajes fueran más accesibles y cómodos mediante la creación de ferrocarriles. También se aseguró de que las personas pudieran permanecer en contacto a través de un sistema postal y telegráfico. Menelik quería que su país prosperara y creciera, tanto de manera metafórica como literal. Expandió sus fronteras hasta casi el mismo tamaño que tienen las actuales gracias a las coaliciones anteriores.
Sin embargo, Menelik sabía que todavía había voces que no eran escuchadas y estaba decidido a asegurarse de que no fuera así. Trabajó de forma muy activa para reprimir y acabar con el comercio de esclavos dentro de Etiopía. Aunque los gobernantes anteriores habían prohibido esta "industria", Menelik castigó a los esclavistas con amputaciones y aisló a las ciudades que traficaban con esclavos. Aunque no podía cambiar la manera de pensar de todos sus súbditos, se aseguró de que se sembraran las semillas para las generaciones futuras. Pero este pensamiento tan avanzado no se extendió a las minorías étnicas dentro de Etiopía: había grupos étnicos que criticaban la dureza con la que el pueblo amhárico de Menelik sujetaba las riendas del poder.
Menelik se casó tres veces, antes y durante su imperio. Abandonó a su primera esposa tras escapar del emperador Teodoro. No está claro si alguno de ellos quedó muy desconsolado, ya que ambos se casaron con otros poco después. El mismo año en que Menelik se "divorció" de su primera esposa, se casó con Woizero Befana Wolde Michael. Menelik estaba profundamente enamorado de ella, pero se vio obligado a divorciarse tras varias acusaciones de traición. A pesar de ello, Menelik todavía le profesó amor hasta que contrajo su tercer y último matrimonio, esta vez con Taytu Betul. Y siguió con ella hasta la muerte. Taytu demostró ser una monarca poderosa, aunque ya era una mujer influyente antes del matrimonio.
En 1909, Menelik sufrió un derrame cerebral que lo convirtió en un cascarón de su antiguo yo. La emperatriz dio un paso al frente para reinar en su lugar hasta que Ras Bitwaddad Tesemma subió al trono. Sin embargo, su reinado duró poco y se creó un consejo para gobernar hasta la muerte de Menelik, en 1913. No invitaron a la emperatriz a expresar sus opiniones dentro del consejo, para disgusto de esta. El entierro de Menelik fue rápido y discreto. No hubo anuncio ni ceremonias, solo la muerte en silencio de uno de los gobernantes más recordados de Etiopía. Su legado dejó un país estable con una identidad que se mantuvo incluso en su modernización; aunque otros grupos étnicos de Etiopía llevan años intentando que la historia reconozca el chauvinismo amhárico de Menelik.