Teodora (circa 500 - 548), antigua actriz (y trabajadora de prostíbulo), se alzó hasta tener una poderosa influencia sobre su marido, el emperador Justiniano del Imperio bizantino. Fue esencial a la hora de fortalecer lo que se convertiría en el cristianismo ortodoxo y para asentar los cimientos de Bizancio en una época en la que el imperio se desmoronaba por todas partes.
Los comienzos del primer milenio d. C. fueron difíciles para los bizantinos. Con Occidente dividido en cientos de reinos más pequeños, Oriente repleto de riquezas y de posibles enemigos y un Norte todavía lleno de tribus bárbaras potencialmente peligrosas, Constantinopla necesitaba encontrar un camino hacia el futuro. Y Justiniano (r. 527 - 565) ofreció ese camino.
El Imperio romano de Oriente estaba dividido en varios aspectos: entre el griego y el latín desde el punto de vista lingüístico; entre las ramas calcedonia y miafisita del cristianismo; entre varias clases dentro de las ciudades y a nivel regional. Justiniano se embarcó en la "Recuperatio Imperii", la restauración del imperio, una campaña para reconquistar y consolidar la expansión contra sus enemigos en todos los flancos, los mismos grupos que estaban desmantelando el Imperio romano de Occidente. En concreto, pretendía reconquistar la península itálica y la ibérica, así como los reinos bárbaros de los vándalos en el norte de África. En política doméstica, Justiniano redactó un código de leyes para que perdurase hasta hoy día y (con el dinero obtenido en la reconquista de Occidente) construyó maravillas en la capital, como Santa Sofía.
Teodora era griega, hija de un adiestrador de osos de Constantinopla. Entra en la historia cuando trabajaba en un prostíbulo como actriz que realizaba espectáculos relativamente obscenos. Allí estrechó lazos con un grupo de bailarinas (animadoras, en esencia) de los Azules, un equipo de carreras de carros. En ese momento, Teodora llamó la atención de Justiniano, hasta el punto de que este modificó la ley que prohibía a personas de alto rango casarse con actrices y, poco después, se casó con ella.
Su primera prueba llegó en la revuelta de Nika, un conflicto entre los Azules y los Verdes, partidarios de equipos de carros, que casi destruyó Constantinopla. Cuando Justiniano y sus consejeros se preparaban para huir de la capital a medida que las turbas se sumían en la anarquía, Teodora apeló a su sentido de la autoridad. Afirmó que huir sería peor que la muerte de una forma más poética: "la púrpura es la más noble mortaja".
La táctica tuvo éxito, pues Justiniano logró contener los disturbios y restablecer su poder. A partir de entonces, Teodora estuvo siempre al lado de su cónyuge y su influencia se puede ver en sus reformas de las leyes matrimoniales y en sus obras de caridad con jóvenes nacidas en situaciones similares a la suya, así como en las continuas intrigas de la corte.
Chocó con su marido en lo religioso, al promover el cristianismo miafisita, reprimido activamente en la época. La diferencia entre las dos ramas puede parecer difusa hoy día, pero era una cuestión de vida o muerte en el siglo VI. Básicamente, durante el Concilio de Calcedonia, los sacerdotes decretaron que Jesús era una persona con naturalezas humana y divina diferenciadas, mientras que los miafisistas sostenían que solo tenía una única naturaleza, que era a la vez completamente humana y divina. En la actualidad, la teología miafisita es el núcleo del cristianismo etíope, mientras que la teología calcedonia forma parte de las creencias del catolicismo (y del protestantismo) y de la ortodoxia oriental (en Grecia y Rusia).
Antes de su muerte a los 48 años (según se estipula), Teodora ayudó a mantener intacto un estado plurirreligioso y multiétnico (Justiniano hablaba latín, mientras que Teodora era griega) que podría haberse sumido en una espiral sin control. En cierto sentido, esto supondría que el antiguo orden se volviera menos amplio y más centrado a medida que crecía el poder de las fuerzas que erosionaban Bizancio y provocaban respuestas cada vez más obstinadas, como sucedió durante el reinado de Basilio II.