Simón Bolívar, que más tarde sería conocido como el Libertador, nació en el seno de una familia venezolana rica y de clase alta en 1783. Aunque tenían dinero más que suficiente para darle lo que debería haber sido una educación positiva y brillante, la infancia de Bolívar distó mucho de ser perfecta. Su padre murió cuando él solo tenía tres años. Seis años más tarde, su madre falleció también, con lo que quedó al cuidado de su tío. Este se convirtió en el administrador de la herencia y dispuso que el chico tuviera varios tutores de gran cultura. Muchos de ellos tendrían una gran influencia en él y en la manera de pensar en la basó su vida. Fue educado en las escuelas de pensamiento clásicas y comenzó a aprender sobre las más nuevas y cambiantes. Uno de sus tutores, Simón Rodríguez, le abrió la puerta al movimiento de la Ilustración y, en particular, a la filosofía de Jean-Jacques Rousseau.
El tío de Bolívar lo envió a estudiar a España y Europa cuando tenía dieciséis años. Como suele ocurrir en la mayoría de viajes de estudios al extranjero, Bolívar encontró el amor en España. Tres años después de llegar, se casó con María Teresa del Toro Alayza, hija de un noble español, y regresó a casa. No obstante, la felicidad de ambos duraría poco. Su esposa murió de fiebre amarilla antes del primer aniversario de la pareja. Aunque, por desgracia, Bolívar estaba muy familiarizado con la muerte, acusó mucho esta pérdida, que lo cambió para siempre.
Regresó a Europa y fue testigo del auge de Napoleón. Por un tiempo, Bolívar lo admiró. Sin embargo, cuando regresó a Venezuela, terminó para siempre su amistad con Napoleón después de que este colocara a José Bonaparte de rey de España y, por extensión, de sus colonias. Esto incluyó la casa de Bolívar en Venezuela, lo cual lo llevó a unirse a la resistencia.
En 1810, la Junta Suprema de Caracas declaró la independencia, y enviaron a Bolívar a Europa de nuevo, tanto por sus habilidades diplomáticas como por su aparente facilidad para recorrer largas distancias. Llegó a Inglaterra y permaneció allí un año antes de hacer el largo viaje de regreso a Venezuela una vez más. La vuelta a casa fue poco acogedora, y corrieron rumores de que él y su compañero de lucha, Francisco de Miranda, se estaban distanciando. La posterior detención de Miranda y la rápida huida de Bolívar a Cartagena de Indias no contribuyeron mucho a desmentirlo. Pese a los rumores, Bolívar aprovechó la situación. Mientras estuvo fuera, escribió el Manifiesto de Cartagena. En él, Bolívar continuó presionando por la emancipación de España. Su reputación creció durante este tiempo, ayudado por su filosofía y la ausencia de Miranda.
Después de que un nuevo rey español acabara con la nueva república venezolana, Bolívar se puso al frente de las fuerzas armadas de Nueva Granada y lideró la invasión de Venezuela. Obtuvo su título de Libertador gracias a las numerosas campañas para liberar su tierra. Por desgracia, Bolívar y sus fuerzas no pudieron mantener la capital, Caracas, mucho tiempo y se vieron expulsados de la ciudad. En lugar de rendirse, Bolívar reunió a sus aliados de toda América del Sur e incluso de Gran Bretaña para expulsar de una vez por todas a las fuerzas españolas y realistas.
Tras nuevas liberaciones de la zona, Bolívar y sus aliados crearon la República de Gran Colombia. Bolívar se convirtió en presidente; y Francisco de Paula Santander –un compañero militar y político–, en vicepresidente. Pero su gobierno y su tiempo como presidente distaron mucho de ser pacíficos. Había un gran malestar en la región debido al estado frágil en que la habían dejado las extensas batallas. Gobernar la Gran Colombia no fue una tarea fácil, y se volvió más difícil después de que el Congreso peruano nombrara a Bolívar dictador del Perú. El poder es voluble, difícil de mantener y más difícil todavía de controlar. Los levantamientos y las disidencias regionales pusieron a Bolívar al límite. Para solidificar su sueño de una Gran Colombia unida, Bolívar convocó una convención constitucional en 1828. Por desgracia, los delegados no estuvieron de acuerdo con la visión que él proponía: un modelo centralista de gobierno junto con un "presidente vitalicio" que pudiera elegir a su sucesor (dentro de lo razonable, por supuesto). Aunque a la postre creía en un gobierno limitado, Bolívar estaba preocupado por la fragilidad de la Gran Colombia. Consideraba que esta tenía que crecer antes de poder aplicar sus verdaderos ideales en ella.
Para mantener el respeto de su gobierno y del pueblo, Bolívar se declaró dictador, asegurando a todo el mundo que se trataba de una medida temporal. Con este acto pasó por encima de sus oponentes políticos de una manera espectacular, lo que llevó a un intento de asesinato del que escapó por poco.
Después de dos años más como "presidente", Bolívar dimitió e hizo las maletas con la esperanza de viajar de nuevo a Europa. Sin embargo, nunca llegó a embarcar. Contrajo la tuberculosis, que lo condujo a la muerte el 17 de diciembre de 1830. Antes de morir, Bolívar le pidió a su ayudante de campo, el general Daniel Florencio O'Leary, que se deshiciera de todos sus escritos. Al igual que hicieran los delegados durante la convención constitucional, O'Leary no estuvo de acuerdo con esta orden y no quemó las obras importantes de Bolívar. Después de más de una década desde que falleciera, enterraron a Bolívar en su ciudad natal, Caracas. Allí se le erigió un monumento en conmemoración de su persona y de sus hazañas.