La vida de John Joseph Curtin podría considerarse el triunfo de lo corriente, es decir, si se tiene en cuenta que una persona corriente puede ser activista político, líder de un partido y primer ministro. Tanto sus adversarios como sus aliados en la política lo llegaron a tener en gran estima debido en gran parte a que condujo a Australia a través del caos de la Segunda Guerra Mundial, ante la mayor amenaza a la que el joven país jamás se había enfrentado hasta entonces.
John, hijo de los inmigrantes irlandeses John y Catherine, nació en enero de 1885 en Creswick, Victoria. John (padre) trabajó como celador de la cárcel de Pentridge, soldado y policía en Creswick y luego como gerente de varios hoteles en Melbourne, Dromana, Macedon y otros lugares. La familia terminó en Brunswick, bastante empobrecida. Con tanto ir arriba y abajo, John (hijo) recibió una educación errática, sobre todo en escuelas católicas. Cuando tenía unos 13 años, dejó la escuela para contribuir a la economía familiar al aceptar un trabajo como recadero en el periódico Age en Creswick, después en el Rambler y luego como obrero en una fábrica de cerámica. Finalmente, en septiembre de 1903, el joven John consiguió un trabajo con el magnífico sueldo de dos libras por semana en la Titan Manufacturing Company. Esto le dejó algo de tiempo libre, que pasó en la biblioteca pública, donde se dedicó a leer libros "serios" y ensayos sobre política.
En 1911, cuando trabajaba como secretario del sindicato de madereros, John ya había leído mucho, había perdido su fe católica, se había unido al consejo político laborista local y al Partido Socialista de Victoria, se había ganado una reputación de "trabajador y orador", había comenzado a escribir para periódicos radicales y socialistas y había jugado en el club de fútbol de Brunswick. En 1917 se casó con Elsie Needham –hermana del senador Ted Needham– y se mudó cerca de Perth para convertirse en redactor del Westralian Worker. Australia Occidental debía de estar de acuerdo con él, porque pronto lo eligieron presidente de la Asociación de Periodistas de Australia. Pero eso no fue antes de que lo acusaran de incumplimiento del deber de alistarse en la Primera Guerra Mundial, fuera declarado en rebeldía y condenado a tres meses de prisión y finalmente encarcelado durante tres días.
Después de servir como delegado australiano en la conferencia anual de la Organización Internacional del Trabajo en Ginebra en 1924, el "rojo del este" se presentó al escaño federal por Fremantle en 1928, que ganó ese mismo año y de nuevo en 1929. Pocos miembros habían entrado en el parlamento con más experiencia de base en la clase obrera, pero Curtin se molestó cuando no lo nombraron ministro del gobierno de James Scullin. Frustrado, decaído, alienado y con grandes problemas con la bebida, Curtin pensó en retirarse de la política.
En vez de eso, cuando el criticado Scullin dimitió como líder del partido laborista en 1935, Curtin decidió presentarse a las elecciones para sustituirlo. Su oponente para dirigir el partido fue Frank Forde, que había estado asociado estrechamente a la desastrosa política económica del gobierno de Scullin. Así, las facciones de izquierdas y los sindicatos apoyaron al inexperto Curtin con la promesa por su parte de dejar la bebida. Derrotó a Forde por tan solo un voto para convertirse en el líder del partido laborista y de la oposición en Australia.
Curtin llevó su energía habitual al partido fracturado, recorrió los centros locales y estatales del partido constantemente y –según los analistas políticos– su "firme tranquilidad y claridad incisiva" resultaron eficaces para mejorar la suerte del laborismo. Aunque el partido laborista hizo progresos, el estallido de la guerra dio al traste con los planes de todos. A raíz de la declaración de guerra de Gran Bretaña contra la Alemania nazi, el famoso primer ministro australiano Robert Menzies anunció de inmediato el apoyo de su país a los esfuerzos bélicos de la Commonwealth. Por desgracia para él, su propio partido le retiró el apoyo mientras se encontraba en Inglaterra y Menzies se vio obligado a dimitir.
Con el creciente ruido de sables japoneses convertido en un problema para todos los australianos, el parlamento apoyó a Curtin como mejor opción (teórica) a primer ministro, después de una serie de salidas en falso y descartar a candidatos poco atractivos. Curtin juró el cargo en octubre de 1941, a los 56 años... justo a tiempo para ver una renovada ofensiva naval japonesa por todo el Pacífico al cabo de un mes.
La destrucción de los dos últimos acorazados británicos en el sur del Pacífico, la caída de Singapur y las incursiones aéreas japonesas en el norte de Australia provocaron un gran temor a la invasión. Por consiguiente, Curtin reordenó los intereses australianos con los Estados Unidos, instituyó una política que permitía que los soldados reclutados se desplegaran fuera de Australia y reafirmó la soberanía australiana para tener un mayor grado de independencia de Gran Bretaña. Aunque el partido laborista se opuso a muchas de las políticas militares de su gobierno, las reformas sociales progresistas de Curtin complacieron a todos excepto a los más radicales: trabajo para todo el que quisiera, pensiones para los que no podían trabajar y más derechos para los aborígenes.
Durante los cuatro años de guerra, Curtin sorteó los escollos de la moral pública, de las derrotas y victorias militares y de la cooperación con aliados impacientes. Según todo el mundo, consiguió hacerlo de manera brillante... aunque le pasó factura en su salud. A finales de abril de 1945, cuando el conflicto se acercaba a un sangriento final, sus pulmones se congestionaron. Después de pasar varias semanas hospitalizado, Curtin insistió en volver a trabajar. Murió en julio, seis semanas antes del final de la Segunda Guerra Mundial.