Chiflado o visionario, gran artista o escritorzuelo, el debate sobre Herbert George Wells sigue candente entre los historiadores, sociólogos y estudiosos de la literatura. Socialista acérrimo y librepensador, su vida personal fue tan tumultuosa como la respuesta a sus novelas y relatos de "ciencia ficción".
H.G. nació en Bromley en septiembre de 1866 en el seno de una familia de clase obrera, aunque su padre era jugador de cricket profesional. A los siete años, un accidente le obligó a guardar cama durante varios meses, convirtiendo al joven Wells en un ávido lector. Cuando la tienda de su padre quebró, H.G. y sus hermanos entraron a trabajar como aprendices de un pañero mientras su madre servía como ama de llaves en una hacienda, donde el chico pudo acceder a la surtida biblioteca del dueño. Wells pasó a devorar (figuradamente, claro) las grandes obras de la literatura. Pronto encontró la manera de aprovechar todas sus lecturas y consiguió una beca para estudiar en la Normal School of Science, donde aprendió física, química, astronomía y biología, además de otras materias más mundanas.
Para cuando H.G. Wells se graduó en la universidad, no albergaba dudas de cuál debía ser su destino. Ya en la universidad había utilizado sus conocimientos crecientes sobre los límites de la ciencia victoriana para empezar a escribir lo que él llamaba "novelas científicas". Consiguió publicar varias de ellas en pequeñas revistas literarias. En 1895, siendo profesor, Wells se convirtió en un fenómeno literario de la noche a la mañana con la aparición de "La máquina del tiempo". Gracias a ello pudo dejar la docencia y dedicarse el resto de su vida solo a escribir... ensayos, relatos, artículos y libros de no ficción, según le apeteciera, la mayoría los cuales se centrarían en la ciencia y el futuro.
Wells murió en Regent’s Park en 1946, tras haber llegado a ver algunos de los horrores que él mismo había predicho.