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El pueblo de las estepas

Recibe una segunda unidad de Caballería ligera o de Arquero a caballo sace cada vez que entrenes a una unidad de Caballería ligera o de Arquero a caballo sace.

Contexto histórico
Los escitas eran un grupo de pueblos nómadas dedicados al pastoreo que recorrieron las estepas de Asia Central durante mil años. Casi todo lo que se sabe de ellos procede de "historiadores" de la Antigüedad, como el griego Heródoto o el grecorromano Estrabón, y de textos hindúes. En su apogeo, los escitas dominaban la estepa póntica, desde la actual Ucrania hasta la frontera de Manchuria. Recorrieron la Ruta de la Seda, se enriquecieron gracias al comercio de esclavos, desarrollaron un estilo artístico propio y contaron leyendas de centauros y amazonas.

Según los historiadores modernos, los escritores de la Antigüedad empleaban el término "escita" para referirse a distintos grupos de guerreros a caballo de las estepas con una lengua y un estilo de vida similares. Heródoto afirma que eran originarios de las estepas orientales, donde se enfrentaban a los masagetas con poco éxito. Por este motivo, las tribus escitas emigraron al oeste, cruzaron el río Aras y, en menos de 30 años, desplazaron a los cimerios (que emigraron a Asiria y sembraron el caos). Al ser grandes jinetes y expertos arqueros, los escitas se extendieron por toda la región y se dedicaron a asaltar asentamientos macedonios y persas.

Varias décadas después, en el año 530 a. C., el rey persa Ciro el Grande envió una propuesta de matrimonio a la líder de la horda de escitas masagetas, Tomiris, pero esta la rechazó. Ciro reunió a una hueste armada en el río Sir Daria y comenzó a construir barcos. Tomiris envió un mensaje retando a Ciro para que sus ejércitos se enfrentasen en "honorable combate" en terreno abierto (perfecto para combatir a caballo). Ciro aceptó y, junto a sus mejores soldados, partió hacia el lugar acordado para la batalla; antes de partir dejó en su campamento grandes cantidades de vino, pues había oído que los escitas desconocían los efectos embriagadores del alcohol. La turba de escitas, liderada por Espargapises, hijo de Tomiris, llegó al campamento, se emborrachó, fue derrotada por Ciro y Espargapises se suicidó. Tras conocer la debacle, Tomiris consideró que la táctica había sido "deshonrosa" y lideró a sus jinetes guerreros en un segundo ataque a los persas. El ejército de Ciro fue derrotado y este murió en combate. Tomiris decapitó al difunto Ciro y hundió su cabeza en un barreño de sangre como símbolo de venganza. Así lo relató Heródoto, así que quizá exagerara algunos detalles y la realidad no fuera tan extravagante.

En el año 513 a. C., los persas volvieron a invadir las tierras de los escitas, esta vez con un ejército de 700 000 hombres liderado por Darío el Grande. Al no tener que defender campos de cultivo o pueblos, los escitas aprovecharon su movilidad y los grandes espacios para evitar el combate cuerpo a cuerpo. Los arqueros a caballo acosaron a la lenta columna persa y atacaron a los rezagados y a varios carromatos. Según Heródoto, en algún momento una gran hueste escita por fin había decidido plantar batalla, pero, de repente, empezaron a escucharse vítores y parte de la hueste salió al galope tras unas liebres que habían abandonado su madriguera. Al parecer, Darío dijo: "Estas hordas sienten un gran desprecio por nosotros". Las tropas de Darío, mermadas, llegaron hasta el Volga. Ante la escasez de alimentos y suministros, Darío decidió regresar a su imperio sin ajustar cuentas y los escitas siguieron asaltando las regiones fronterizas.

Según los restos arqueológicos encontrados en los grandes túmulos funerarios conocidos como kurganes (prácticamente las únicas estructuras permanentes que construyeron los escitas), hacia el año 470 a. C. el jefe tribal Ariapites (nombre que le dieron los griegos; se desconoce su nombre real) unificó a varias tribus escitas y se autoproclamó "rey". Sus sucesores lideraron estas tribus hasta que el gran Ateas (otro nombre griego) derrocó su dinastía hacia el año 340 a. C. Según Estrabón, después de unir a todas las tribus escitas entre el Danubio y la laguna Meótida, Ateas entró en guerra con Filipo II de Macedonia. Hacia el año 339 a. C., un nonagenario Ateas falleció en combate y su "imperio" se desmoronó. Una década después, Alejandro, hijo de Filipo, volvió a enfrentarse a los escitas y salió victorioso de una batalla "decisiva" en el río Sir Daria, tras la cual los escitas dejaron de asaltar las regiones fronterizas y los griegos pudieron proseguir su camino hacia el sur. Posteriormente, los invasores celtas expulsaron a los escitas de los Balcanes (está claro que las montañas no son tan favorables como las estepas para los guerreros a caballo).

Mientras tantos, diversas tribus escitas (ahora llamadas indoescitas) lideradas por Maues migraron al sudeste hacia Bactria, Sogdiana y Aracosia y, en la época de Azes II, hacia el año 35 a. C., ya habían suplantado a los indogriegos en las regiones del Punyab y Cachemira. Al parecer, Maues fue el último rey indoescita y poco después de su muerte los kushán conquistaron a los indoescitas. Tras la posterior invasión de los partos, los escitas dejaron de aparecer en las crónicas indias.

En Occidente, a lo largo de las estepas de Crimea y Ucrania, las tribus escitas restantes sobrevivieron otros tres siglos sin apenas cambios, aunque en algunos lugares comenzaron a abandonar el nomadismo. La ciudad conocida como la Neápolis escita (cerca de la actual Simferópol) se convirtió en el centro del comercio de las tribus escitas de Crimea. Pero el creciente Imperio romano sería el responsable en último término de la desaparición de los escitas. Los godos expulsaron a los sármatas de una gran parte de la línea fronteriza romana y estos hicieron lo propio con los escitas, aunque más que una conquista fue un proceso de asimilación. A mediados del siglo III, los godos saquearon Neápolis y pusieron fin a la civilización escita. No obstante, los romanos y los griegos tenían por costumbre llamar escita a cualquier tribu nómada de las estepas (Prisco, un emisario bizantino, se refería a los seguidores de Atila como "escitas").

Los escitas desaparecieron de la historia dejando solo túmulos de césped por las estepas como prueba de su existencia. Estos túmulos, que podían varias desde pequeños montículos donde eran enterrados los guerreros comunes a los kurganes "reales" donde descansaban los restos de jefes tribales y de grandes guerreros, no hay que imaginarlos como simples montones de tierra; estaban construidos con distintas capas de césped que se colocaban sobre una cámara central, sirviendo el césped de pasto en la otra vida para los caballos que se enterraban con los muertos. Los arqueólogos han llegado a encontrar 400 esqueletos equinos alrededor de los restos de un jefe tribal en un túmulo. Junto a los caballos, también se sacrificaba a siervos y consortes para que hiciesen compañía al difunto en el más allá. El kurgán más grande encontrado tiene una base de 90 metros de diámetro y la misma altura que un edificio de seis plantas, todo un logro teniendo en cuenta que lo construyeron unos bárbaros a caballo.

Según Heródoto, el ritual funerario escita era digno de contemplación. Los asistentes se clavaban una flecha en la mano izquierda, se hacían cortes en los brazos y en el pecho y, a veces, se arrancaban parte de la piel de las orejas. Un año después, para conmemorar el aniversario del enterramiento de algunos jefes tribales, se sacrificaban y destripaban 50 caballos y 50 esclavos, se montaban los cadáveres de los esclavos sobre los de los caballos y se empalaban en postes alrededor del kurgán. Quizá estas prácticas contribuyesen a crear las leyendas griegas de las amazonas; en muchos de los túmulos situados a lo largo de los ríos Don y Volga se han encontrado restos de mujeres vestidas con armaduras de combate y equipadas con arcos y espadas "como si fueran hombres". Aunque puede que no fuesen amazonas, se ha especulado sobre la presencia de guerreras en la cultura escita, como sugieren los relatos acerca de Tomiris.

Debían de ser muy valientes porque los guerreros escitas eran terribles para los pueblos de regiones más "civilizadas". Los arqueros montados escitas tenían barba y tatuajes y con sus arcos compuestos lanzaban flechas con pinchos para abrir heridas que no se curasen. En la punta de las flechas untaban veneno de serpiente, sangre putrefacta y excrementos de caballo para que los heridos no tardasen en morir. Según las crónicas, los escitas se bebían la sangre de los enemigos caídos en combate y los decapitaban para mostrar la cabeza y reclamar así su parte del botín. Aunque la práctica de beber sangre era habitual en muchos pueblos primitivos, la decapitación era una manera muy peculiar de demostrar las hazañas personales en combate. Las cabelleras de los enemigos caídos adornaban bridas, escudos y aljabas; los cráneos de los enemigos más valerosos se bañaban en oro y se empleaban como recipiente para beber.

Tal era el terror que los escitas infundían en los griegos que inspiraron el mito del centauro, la criatura mitad hombre y mitad caballo. Y tal era la reputación de los jinetes guerreros escitas que los eruditos pensaban que el profeta Jeremías se refería a ellos cuando advertía a los israelitas de la llegada de unos guerreros "crueles, sin misericordia; su voz sonará como el mar, y montarán sobre caballos; se apercibirán como hombre en la batalla". Hablando de asuntos de la fe, los escitas tenían un panteón formado por los dioses paganos habituales, pero no eran excesivamente religiosos. Los pronunciamientos de sus dioses eran más bien una serie de pautas y no unas leyes escritas sobre piedras.

Al finalizar las batallas, además de las cabelleras y los cráneos, lo importante era hacerse con el botín. Los escitas obtenían oro y plata a cambio de esclavos y en las incursiones que realizaban en Persia y Macedonia. Los artesanos escitas añadían a sus creaciones representaciones de lobos, ciervos, grifos, leopardos, águilas, caballos y otros animales. En casi todos los objetos de alfarería, los artículos de bronce, los ídolos y otras obras de artesanía aparecen animales, tanto en reposo como en posición de ataque. En los kurganes se han encontrado multitud de broches, cinturones, cascos, collares, pendientes y otros objetos en los que los animales aparecen en ambas posiciones.

Existen muchas teorías sobre las causas del declive y la desaparición de los escitas. Algunos historiadores creen que empezaron a asentarse, se casaron con habitantes de zonas cercanas y fueron dejando de lado el pastoreo y las incursiones. En algunos kurganes de finales del siglo III han aparecido hornillos, que siempre han estado asociados a los hogares. Otras teorías defienden que abandonaron el nomadismo por culpa de una sequía prolongada o por una epidemia equina. También las hay que aseguran que su afición al alcohol (recordemos a Espargapises), así como convertir las tierras de pastos en tierras de cultivo, contribuyeron a su desaparición.

Independientemente del verdadero motivo, no hay duda de que los escitas animaron la vida en las estepas y alcanzaron un nivel de barbarie al que no llegarían otros pueblos como los sármatas, los hunos, los mongoles, los timúridas o los cosacos.
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icon_civilization_scythia

Rasgos

Líderes
Unidades especiales
Infraestructura especial

Geografía y datos sociales

Ubicación
Asia
Tamaño
Aproximadamente 994 000 kilómetros cuadrados
Población
Se desconoce, pero se supone que 45 000 o 50 000 como mucho
Capital
Ninguna (la única ciudad mencionada en los registros es "Neápolis escita", destruida por los godos en el siglo III d. C.).
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Población
Se desconoce, pero se supone que 45 000 o 50 000 como mucho
Capital
Ninguna (la única ciudad mencionada en los registros es "Neápolis escita", destruida por los godos en el siglo III d. C.).
Habilidad exclusiva

El pueblo de las estepas

Recibe una segunda unidad de Caballería ligera o de Arquero a caballo sace cada vez que entrenes a una unidad de Caballería ligera o de Arquero a caballo sace.

Contexto histórico
Los escitas eran un grupo de pueblos nómadas dedicados al pastoreo que recorrieron las estepas de Asia Central durante mil años. Casi todo lo que se sabe de ellos procede de "historiadores" de la Antigüedad, como el griego Heródoto o el grecorromano Estrabón, y de textos hindúes. En su apogeo, los escitas dominaban la estepa póntica, desde la actual Ucrania hasta la frontera de Manchuria. Recorrieron la Ruta de la Seda, se enriquecieron gracias al comercio de esclavos, desarrollaron un estilo artístico propio y contaron leyendas de centauros y amazonas.

Según los historiadores modernos, los escritores de la Antigüedad empleaban el término "escita" para referirse a distintos grupos de guerreros a caballo de las estepas con una lengua y un estilo de vida similares. Heródoto afirma que eran originarios de las estepas orientales, donde se enfrentaban a los masagetas con poco éxito. Por este motivo, las tribus escitas emigraron al oeste, cruzaron el río Aras y, en menos de 30 años, desplazaron a los cimerios (que emigraron a Asiria y sembraron el caos). Al ser grandes jinetes y expertos arqueros, los escitas se extendieron por toda la región y se dedicaron a asaltar asentamientos macedonios y persas.

Varias décadas después, en el año 530 a. C., el rey persa Ciro el Grande envió una propuesta de matrimonio a la líder de la horda de escitas masagetas, Tomiris, pero esta la rechazó. Ciro reunió a una hueste armada en el río Sir Daria y comenzó a construir barcos. Tomiris envió un mensaje retando a Ciro para que sus ejércitos se enfrentasen en "honorable combate" en terreno abierto (perfecto para combatir a caballo). Ciro aceptó y, junto a sus mejores soldados, partió hacia el lugar acordado para la batalla; antes de partir dejó en su campamento grandes cantidades de vino, pues había oído que los escitas desconocían los efectos embriagadores del alcohol. La turba de escitas, liderada por Espargapises, hijo de Tomiris, llegó al campamento, se emborrachó, fue derrotada por Ciro y Espargapises se suicidó. Tras conocer la debacle, Tomiris consideró que la táctica había sido "deshonrosa" y lideró a sus jinetes guerreros en un segundo ataque a los persas. El ejército de Ciro fue derrotado y este murió en combate. Tomiris decapitó al difunto Ciro y hundió su cabeza en un barreño de sangre como símbolo de venganza. Así lo relató Heródoto, así que quizá exagerara algunos detalles y la realidad no fuera tan extravagante.

En el año 513 a. C., los persas volvieron a invadir las tierras de los escitas, esta vez con un ejército de 700 000 hombres liderado por Darío el Grande. Al no tener que defender campos de cultivo o pueblos, los escitas aprovecharon su movilidad y los grandes espacios para evitar el combate cuerpo a cuerpo. Los arqueros a caballo acosaron a la lenta columna persa y atacaron a los rezagados y a varios carromatos. Según Heródoto, en algún momento una gran hueste escita por fin había decidido plantar batalla, pero, de repente, empezaron a escucharse vítores y parte de la hueste salió al galope tras unas liebres que habían abandonado su madriguera. Al parecer, Darío dijo: "Estas hordas sienten un gran desprecio por nosotros". Las tropas de Darío, mermadas, llegaron hasta el Volga. Ante la escasez de alimentos y suministros, Darío decidió regresar a su imperio sin ajustar cuentas y los escitas siguieron asaltando las regiones fronterizas.

Según los restos arqueológicos encontrados en los grandes túmulos funerarios conocidos como kurganes (prácticamente las únicas estructuras permanentes que construyeron los escitas), hacia el año 470 a. C. el jefe tribal Ariapites (nombre que le dieron los griegos; se desconoce su nombre real) unificó a varias tribus escitas y se autoproclamó "rey". Sus sucesores lideraron estas tribus hasta que el gran Ateas (otro nombre griego) derrocó su dinastía hacia el año 340 a. C. Según Estrabón, después de unir a todas las tribus escitas entre el Danubio y la laguna Meótida, Ateas entró en guerra con Filipo II de Macedonia. Hacia el año 339 a. C., un nonagenario Ateas falleció en combate y su "imperio" se desmoronó. Una década después, Alejandro, hijo de Filipo, volvió a enfrentarse a los escitas y salió victorioso de una batalla "decisiva" en el río Sir Daria, tras la cual los escitas dejaron de asaltar las regiones fronterizas y los griegos pudieron proseguir su camino hacia el sur. Posteriormente, los invasores celtas expulsaron a los escitas de los Balcanes (está claro que las montañas no son tan favorables como las estepas para los guerreros a caballo).

Mientras tantos, diversas tribus escitas (ahora llamadas indoescitas) lideradas por Maues migraron al sudeste hacia Bactria, Sogdiana y Aracosia y, en la época de Azes II, hacia el año 35 a. C., ya habían suplantado a los indogriegos en las regiones del Punyab y Cachemira. Al parecer, Maues fue el último rey indoescita y poco después de su muerte los kushán conquistaron a los indoescitas. Tras la posterior invasión de los partos, los escitas dejaron de aparecer en las crónicas indias.

En Occidente, a lo largo de las estepas de Crimea y Ucrania, las tribus escitas restantes sobrevivieron otros tres siglos sin apenas cambios, aunque en algunos lugares comenzaron a abandonar el nomadismo. La ciudad conocida como la Neápolis escita (cerca de la actual Simferópol) se convirtió en el centro del comercio de las tribus escitas de Crimea. Pero el creciente Imperio romano sería el responsable en último término de la desaparición de los escitas. Los godos expulsaron a los sármatas de una gran parte de la línea fronteriza romana y estos hicieron lo propio con los escitas, aunque más que una conquista fue un proceso de asimilación. A mediados del siglo III, los godos saquearon Neápolis y pusieron fin a la civilización escita. No obstante, los romanos y los griegos tenían por costumbre llamar escita a cualquier tribu nómada de las estepas (Prisco, un emisario bizantino, se refería a los seguidores de Atila como "escitas").

Los escitas desaparecieron de la historia dejando solo túmulos de césped por las estepas como prueba de su existencia. Estos túmulos, que podían varias desde pequeños montículos donde eran enterrados los guerreros comunes a los kurganes "reales" donde descansaban los restos de jefes tribales y de grandes guerreros, no hay que imaginarlos como simples montones de tierra; estaban construidos con distintas capas de césped que se colocaban sobre una cámara central, sirviendo el césped de pasto en la otra vida para los caballos que se enterraban con los muertos. Los arqueólogos han llegado a encontrar 400 esqueletos equinos alrededor de los restos de un jefe tribal en un túmulo. Junto a los caballos, también se sacrificaba a siervos y consortes para que hiciesen compañía al difunto en el más allá. El kurgán más grande encontrado tiene una base de 90 metros de diámetro y la misma altura que un edificio de seis plantas, todo un logro teniendo en cuenta que lo construyeron unos bárbaros a caballo.

Según Heródoto, el ritual funerario escita era digno de contemplación. Los asistentes se clavaban una flecha en la mano izquierda, se hacían cortes en los brazos y en el pecho y, a veces, se arrancaban parte de la piel de las orejas. Un año después, para conmemorar el aniversario del enterramiento de algunos jefes tribales, se sacrificaban y destripaban 50 caballos y 50 esclavos, se montaban los cadáveres de los esclavos sobre los de los caballos y se empalaban en postes alrededor del kurgán. Quizá estas prácticas contribuyesen a crear las leyendas griegas de las amazonas; en muchos de los túmulos situados a lo largo de los ríos Don y Volga se han encontrado restos de mujeres vestidas con armaduras de combate y equipadas con arcos y espadas "como si fueran hombres". Aunque puede que no fuesen amazonas, se ha especulado sobre la presencia de guerreras en la cultura escita, como sugieren los relatos acerca de Tomiris.

Debían de ser muy valientes porque los guerreros escitas eran terribles para los pueblos de regiones más "civilizadas". Los arqueros montados escitas tenían barba y tatuajes y con sus arcos compuestos lanzaban flechas con pinchos para abrir heridas que no se curasen. En la punta de las flechas untaban veneno de serpiente, sangre putrefacta y excrementos de caballo para que los heridos no tardasen en morir. Según las crónicas, los escitas se bebían la sangre de los enemigos caídos en combate y los decapitaban para mostrar la cabeza y reclamar así su parte del botín. Aunque la práctica de beber sangre era habitual en muchos pueblos primitivos, la decapitación era una manera muy peculiar de demostrar las hazañas personales en combate. Las cabelleras de los enemigos caídos adornaban bridas, escudos y aljabas; los cráneos de los enemigos más valerosos se bañaban en oro y se empleaban como recipiente para beber.

Tal era el terror que los escitas infundían en los griegos que inspiraron el mito del centauro, la criatura mitad hombre y mitad caballo. Y tal era la reputación de los jinetes guerreros escitas que los eruditos pensaban que el profeta Jeremías se refería a ellos cuando advertía a los israelitas de la llegada de unos guerreros "crueles, sin misericordia; su voz sonará como el mar, y montarán sobre caballos; se apercibirán como hombre en la batalla". Hablando de asuntos de la fe, los escitas tenían un panteón formado por los dioses paganos habituales, pero no eran excesivamente religiosos. Los pronunciamientos de sus dioses eran más bien una serie de pautas y no unas leyes escritas sobre piedras.

Al finalizar las batallas, además de las cabelleras y los cráneos, lo importante era hacerse con el botín. Los escitas obtenían oro y plata a cambio de esclavos y en las incursiones que realizaban en Persia y Macedonia. Los artesanos escitas añadían a sus creaciones representaciones de lobos, ciervos, grifos, leopardos, águilas, caballos y otros animales. En casi todos los objetos de alfarería, los artículos de bronce, los ídolos y otras obras de artesanía aparecen animales, tanto en reposo como en posición de ataque. En los kurganes se han encontrado multitud de broches, cinturones, cascos, collares, pendientes y otros objetos en los que los animales aparecen en ambas posiciones.

Existen muchas teorías sobre las causas del declive y la desaparición de los escitas. Algunos historiadores creen que empezaron a asentarse, se casaron con habitantes de zonas cercanas y fueron dejando de lado el pastoreo y las incursiones. En algunos kurganes de finales del siglo III han aparecido hornillos, que siempre han estado asociados a los hogares. Otras teorías defienden que abandonaron el nomadismo por culpa de una sequía prolongada o por una epidemia equina. También las hay que aseguran que su afición al alcohol (recordemos a Espargapises), así como convertir las tierras de pastos en tierras de cultivo, contribuyeron a su desaparición.

Independientemente del verdadero motivo, no hay duda de que los escitas animaron la vida en las estepas y alcanzaron un nivel de barbarie al que no llegarían otros pueblos como los sármatas, los hunos, los mongoles, los timúridas o los cosacos.