Vasili Kandinski, uno de los pioneros del arte moderno, fusionó la pintura con la filosofía y reflejó un mundo cambiado de manera profunda a lo largo de la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa y la Segunda Guerra Mundial, en cada punto en el que el mundo parecía derrumbarse y reconstruirse a partir de los elementos básicos que lo conformaban. La modernidad como movimiento es una reacción a esta remodelación del mundo: "modernidad" aquí no significa actual, sino que es la atención puesta sobre los elementos básicos que componen una obra y el reordenamiento de los mismos. El arte moderno trata de jugar con estos elementos básicos, dejando de intentar representar los objetos y, en cambio, se pregunta qué efecto tendría un cierto color, ángulo o disposición sobre el espectador, sin el apuro de preguntar de qué trata el cuadro. En otras palabras, dos líneas en oposición podrían crear una sensación de drama; es posible que una línea elevada evoque el lirismo. Los círculos son pacíficos; los colores tienen resonancias inherentes con sonidos particulares. No es simbolismo, no es que los lienzos de Kandinski sean misterios por descifrar; más bien, los propios elementos comparten un vínculo fundamental en la teoría de este pintor. El trabajo teórico de Kandinski tuvo una gran influencia en los movimientos moderno y abstracto y sigue teniéndola hoy en día.
El cuidado de Kandinski por los fundamentos se debió a sus creencias personales y espirituales. Vio estas resonancias entre la forma, el color y el espectador como un reflejo de verdades espirituales más profundas. Se vio atraído por la teosofía, y descubrió que la búsqueda de un divino universal de este movimiento se reflejaba en su propia búsqueda de las resonancias espirituales de los colores y las formas.
Esta espiritualidad le causó algunos problemas. Kandinski nació en Moscú y estudió arte en Múnich, pero regresó a Rusia después de la Revolución Rusa. En la URSS, influyó en un inicio en el desarrollo de la escena artística del país, pero Kandinski era muy espiritual y chocaba con las normas materialistas soviéticas. Al regresar a Alemania, colaboró con el movimiento moderno de la Bauhaus hasta el periodo nazi, en el cual huyó a Francia, donde vivió el resto de su vida. Murió allí, justo después del final de la guerra, sin haber podido ver cómo emergía por completo el nuevo mundo y el movimiento estético que había esperado crear.