Vincent Willem van Gogh fue pobre y prácticamente desconocido durante toda la vida. Luchó contra una enfermedad mental (es famoso por cortarse una oreja y ofrecérsela a una prostituta) y murió de un disparo que se pegó él mismo. Sin embargo, se le considera uno de los grandes pintores impresionistas, destacando su obra por su emoción y sus colores. Además, fue increíblemente prolífico (tal vez su arte lo ayudara a permanecer moderadamente cuerdo), pues pintó unos 860 óleos y más de 1300 acuarelas, dibujos y bocetos.
Vincent nació en marzo de 1853 en Groot-Zundert y le pusieron el nombre de un hermano muerto. Cuando tenía 15 años, la familia era insolvente y Vincent se fue a vivir con su tío, un marchante de arte de La Haya. En 1873 se trasladó a la galería Goupil en Londres, donde se enamoró de la cultura inglesa... y de la hija de su casera. Cuando esta rechazó su propuesta de matrimonio, Van Gogh juró consagrar su vida a Dios.
Al no conseguir ordenarse, Van Gogh se marchó a Bruselas en 1880 y decidió convertirse en pintor, aunque carecía de formación académica. Sin embargo, hizo contactos entre los marchantes de arte, y uno de ellos –su hermano menor, Theo, afincado en París– pudo vender algunas de sus obras. Así que Vincent se trasladó a la capital francesa. Durante la década siguiente, pintó sus obras maestras impresionistas, cuadros como "Los comedores de patatas" (1885) y "Los girasoles" (1888), una fusión inigualable de color y contenido que revolucionaría el concepto de arte de la civilización.
Pero Van Gogh siguió sufriendo episodios de depresión después de sus amores fallidos. Theo se preocupó, y en 1888 dispuso que el artista Gauguin trabajara con Van Gogh (y lo vigilara) mientras los dos estaban en Arlés. Pero aquello no funcionó, por el famoso incidente de la oreja, y Gauguin se fue, disgustado. Un día de julio de 1890, Vicente salió a pintar, como de costumbre... pero se llevó una pistola cargada.