En la Persia de la Baja Edad Media (Irán), las artes y la cultura del Islam chiita y de Irán comenzaron a adoptar patrones reconocibles hoy en día. El Imperio safávida fue el precursor, y Kamāl ud-Dīn Behzād –o, para ser exactos, la escuela de arte centrada en este pintor– fue su artista más destacado, aunque su carrera comenzó durante el Imperio timurí, algunos años antes de que se fundara el safávida. Behzād se especializó en lo que se conoció como las miniaturas persas (o iraníes), ilustraciones de historias que eran versiones más elaboradas de los manuscritos miniados de Europa.
Behzād vivió sobre todo en la ciudad de Herat, en el actual Afganistán. En sus páginas miniadas disponía de una manera excepcional las figuras humanas y la arquitectura, lo que daba una sensación de fluidez que atrae la atención de los espectadores. Estas miniaturas son un testimonio del cosmopolitismo de la época: se inspiraban en el arte chino, retrataban a individuos de los distintos pueblos que vivieron en un imperio conectado globalmente y se centraban tanto en los momentos cotidianos de la humanidad como en los de los reyes conquistadores. Si bien el arte persa no prohibía mostrar figuras humanas (como el arte musulmán), Behzād también destacó al incorporar el amor persa por la arquitectura y la geometría y creó patrones vertiginosos con baldosas, tejas, escaleras y demás (como en las miniaturas de Yusuf y Zulaikha).
Se sigue considerando a Behzād uno de los artistas musulmanes más notables del periodo medieval.