Una prueba de la excepcionalidad de Miguel Ángel es que fue el primer artista occidental cuya biografía se publicó mientras aún estaba vivo. A este artista del Renacimiento consumado se le conocía con el sobrenombre de "il Divino" ("el Divino") por su "terribilità", la sensación de grandeza imponente y apasionada que evocan sus mejores obras.
Miguel Ángel di Lodovico Buonarroti Simoni nació en marzo de 1475 cerca de Arezzo y era hijo del empobrecido corregidor de la provincia de Caprese. Fue artífice de esculturas como la "Pietà" y el "David", de frescos como los de la Capilla Sixtina y la Crucifixión de San Pedro, autor de más de 300 poemas y sonetos (la mayoría dedicados a una viuda piadosa llamada Vittoria Colonna) y arquitecto de lugares como la Biblioteca Laurenciana (Florencia) y la Porta Pia (Roma). Con el tiempo, el adolescente entró como aprendiz en el taller de los Ghirlandaio y de di Giovanni, donde aprendió escultura; todos ellos eran artistas bien considerados en aquellos tiempos. Cuando su mecenas Medici fue expulsado de Florencia en 1494, el joven artista se fue a Venecia, luego a Bolonia y terminó finalmente en Roma con 21 años.
Pronto consiguió varios encargos, sobre todo para cardenales (los únicos que podían disfrutar de "la buena vida"). A estos, siguieron más trabajos, incluido un ambicioso proyecto para la tumba del papa Julio II; pero, en lugar de completarla, se le pidió al artista que pintara el techo de la Capilla Sixtina, que no concluyó hasta 1512. Su fama se extendió por casi toda Europa después de que fuera nombrado arquitecto de la basílica de San Pedro en 1546. Existía la preocupación de que el artista, de avanzada edad, no viviera para terminarla. De hecho, fue así, y murió en su casa, en Roma, en 1564.