Sobre todo en templos y castillos, los biombos japoneses son una de las atracciones principales, pues aportan arte y color a lo que a primera vista podrían parecer habitaciones vacías. Nacido al final del periodo bélico Sengoku, en las postrimerías del siglo XVI, Hasegawa Tohaku destacó rápidamente entre los pintores de templos, sobre todo de la escuela Kano. Pero las pinturas de biombos de Kano eran brillantes, casi llamativas, con diseños dorados y florales. Aunque Tohaku produjo algunas piezas del estilo Kano, derivó a su propio estilo, más minimalista. Sus Pinos, un tesoro nacional de Japón, transmiten la sensación de una brisa fresca que atraviesa un pinar con solo unas cuantas pinceladas toscas que representan únicamente cuatro árboles. De esta manera, Tohaku bebió de tradiciones anteriores en el arte chino, mostrando cómo –con simplicidad– se puede transmitir de igual manera la majestuosidad de un paisaje.
Tohaku produjo una amplia gama de pinturas. Además de sus Pinos minimalistas, pintó escenas budistas, retratos, animales y paisajes. Compitió con su antiguo maestro Kano por el favor de Toyotomi Hideyoshi, uno de los grandes reyes de la era Sengoku en Japón.