Aunque la mayoría de artistas no son canonizados debido a su estilo de vida, en 1988, cuando el comunismo daba sus últimos coletazos, la Iglesia ortodoxa rusa santificó a Andréi Rubliov, considerado el mejor pintor de iconos de todos los tiempos.
No existe mucha información sobre la vida de Rubliov. Todo parece indicar que nació en Sérguiev Posad, cerca de Moscú, hacia el año 1370. En su juventud, ingresó en el monasterio de Spas Andronievski, quizá poco después de la llegada de Teófanes el griego en 1395. Rubliov solo vivió en esa región, pues todos sus iconos y frescos religiosos están en las proximidades de Moscú. El primer registro real que se tiene de él data de 1405, cuando pintó una serie de tablas para la Blagoveschenski Sobor (catedral de la Anunciación) en el Kremlin de Moscú. Según algunos de los escasos relatos que se conservan de sus superiores religiosos, era un hombre "muy centrado" y todo lo que creaba era producto de "profundas reflexiones".
Es imposible realizar una cronología de las obras de Rubliov, ya que los pintores de iconos religiosos rara vez firmaban o fechaban sus pinturas. Pero las crónicas sí que señalan que pintó la catedral de la Asunción de Vladímir en torno a 1408, los iconos de las iglesias de Zvenígirod, las miniaturas de los Evangelios de Khitrovo y las obras de Laura de la Trinidad alrededor de 1427. Sin embargo, la única obra de él que se ha conseguido autentificar es el famoso icono de la Trinidad, que completó alrededor de 1410. Es probable que muchas de sus obras –como la Déesis– fueran destruidas en el gran incendio de Moscú en 1547. Su estilo, marcado por un fuerte sentido de la ascesis y la armonía, sería declarado modelo para la pintura religiosa en el Stoglavy Sobor (Sínodo de los Cien Capítulos) en 1551. Se cree que Andréi murió en el monasterio de Andrónikov en enero de 1430.