En el principio era la ola. "La gran ola de Kanagawa" –un descollante tsunami blanquiazul con la más augusta de las montañas de Japón al fondo– fue una de la serie de "36 vistas del monte Fuji" de Katsushika Hokusai. Ha sido un icono del arte japonés desde que se imprimiera por primera vez, en 1830. Esa ola, contemporánea de la llegada del almirante Perry, superó las islas y acabó por romper en Europa y América. E hizo famoso a Hokusai.
La mayor parte de lo que se sabe de Hokusai se debe a la autobiografía que él mismo escribió, por lo que los datos deben cogerse con un cierto escepticismo. Nacido en el noveno mes del décimo año del periodo Horeki (es decir, en torno a octubre de 1760) en Edo, Hokusai comenzó a pintar a la edad de seis años. A los 14, el niño se convirtió en aprendiz de un tallador de madera, y a los 18, entró a trabajar en el estudio del artista Katsukawa Shu. Shunsho practicaba el "ukiyo-e", la xilografía y la pintura sobre madera. Durante este periodo, Hokusai cambiaría su nombre por el de Shunro... el primero de muchos que tendría. De hecho, se le conoce por al menos 30 nombres que se diera durante su vida.
A la muerte de Shu en 1793, Hokusai (que estaba haciendo sus pinitos en otras escuelas de arte) fue expulsado de la escuela de Katsukawa. Aunque los temas tradicionales del "ukiyo-e" eran cortesanas, actores del teatro kabuki y daimios, él comenzó a aplicar esta técnica a los paisajes. En 1800, Katsushika –el nombre por el que es más conocido– publicó dos colecciones de grabados: "Vistas famosas de la capital oriental" y "Ocho vistas de Edo". En 1834, con el pseudónimo de Gakyo Rojin Manji ("el viejo loco por el arte"), este adicto al trabajo produjo cientos de copias en un año... y así no es de extrañar que nos dejara más de 30 000 de ellas en el momento de su muerte, en abril de 1849.