En el siglo XVII, el pintor Rembrandt dominó lo que más tarde se denominaría la "edad de oro neerlandesa". Su uso innovador de la técnica del claroscuro inspiró a los retratistas del siglo XVIII de toda Europa, así como a los pintores realistas del XIX. Se puede considerar que es, sin duda, el más grande de los "antiguos maestros". Y Rembrandt ganó dinero, mucho dinero... pero murió en la ruina.
Rembrandt Harmenszoon van Rijn nació en Leiden en el año 1606. Se formó artísticamente entre 1620 y 1625 –pues, al parecer tenía algo de talento– aprendiendo las técnicas básicas en esa misma ciudad para luego irse a Ámsterdam a perfeccionar la técnica de la pintura sobre lienzo. Tras regresar a Leiden, Rembrandt comenzó a pintar escenas religiosas y alegóricas, pequeñas pero profusas en detalles. Estas se hicieron muy populares y se vendieron bien, lo que consagró su reputación en los Países Bajos y más allá.
En 1631, el joven artista empezó a pintar retratos de la élite de Ámsterdam por encargo e hizo también algunos autorretratos... tal vez como muestra. También pintó varias escenas bíblicas y mitológicas dramáticas a gran escala en las que exhibía sus contrastes de luz y sombra y su dominio del espacio, sobre todo para venderlas en galerías. En 1642, Rembrandt acabó lo que se considera su obra maestra, "La ronda de noche".
Sin embargo, en los diez años siguientes, su producción disminuyó drásticamente. Por otra parte, su estilo de vida extravagante lo llevó finalmente a la ruina financiera; en 656, solo evitó su quiebra un contrato por el que se vio obligado a vender la mayor parte de sus pinturas. Pese a que continuó pintando, pasó muchos apuros. Rembrandt van Rijn murió en 1669 y fue enterrado en la miseria en el cementerio de la Westerkerk de Ámsterdam. Como era común con los poco favorecidos, después de 20 años, sus restos fueron exhumados y destruidos para hacer sitio a más pobres.