Samori Touré nació alrededor de 1830 en el valle del río Milo en Guinea, hijo de unos comerciantes dyula. En la década de 1850, Samori se unió a las fuerzas militares de Medina para ayudar a liberar a su madre, que había sido capturada en una incursión esclavista por el rey Sori Birama. Tras dominar las armas de fuego, que estaban transformando la guerra en África occidental, adquirió aún más habilidades marciales al servicio de los jefes locales en sus nimias disputas antes de establecerse por su cuenta.
Tras crear y ponerse al frente de su propio ejército, en 1878 el carismático Touré se proclamó faama ("monarca") del imperio de los mandingas y estableció su capital en Bisandougou. A principios de la década de 1880, su imperio se había extendido desde Mali hasta las fronteras de la Sierra Leona británica, hasta Sudán al este y hasta Costa de Marfil y Liberia al sur... y alcanzó su apogeo en 1887. Posteriormente, Samori adoptó el título de almami, distinción que se reservaba a los líderes musulmanes. Pero la Conferencia de Berlín de 1884 dividió África entre las potencias europeas y los franceses pronto posaron sus ojos codiciosos sobre las tierras mandingas. A pesar de que los miembros de su tribu comenzaron derrotando a los franceses, entre 1885 y 1889 Touré se vio empujado cada vez más hacia el interior de África occidental.
En 1890 reorganizó su ejército, firmó un tratado con los británicos y de ellos consiguió armas modernas (relativamente). Pero, en diciembre de 1891, los voraces franceses volvieron a la carga y consiguieron invadir las principales ciudades de la región, dejando solo muerte y desolación a su paso. Como consecuencia, se produjo un éxodo de todo el reino mandinga –al menos, de los supervivientes- hacia el este. Mientras tanto, las fuerzas de Touré iban conquistando grandes extensiones de Costa de Marfil y, en 1893, fundaron un nuevo reino con Kong como capital. A pesar de la estrategia de tierra quemada, los franceses siguieron avanzando.
No obstante, cuando Samori se refugió en los bosques de Liberia, el hambre y la deserción debilitaron sus fuerzas de tal modo que acabó capturado por los franceses en septiembre de 1898. Exiliado a Gabón, moriría de neumonía dos años más tarde.