Todo el mundo en la civilización ha oído hablar de Napoleón, por lo que en esta entrada histórica nos saltaremos las partes aburridas y pasaremos directamente a la sangría.
Napoleone di Buonaparte (que más tarde se afrancesaría el nombre) nació en Córcega y fue teniente segundo en el regimiento de artillería de La Fère en tiempos de la Revolución Francesa. Puesto que Francia no tardó en ponerse a malas con todas las monarquías de Europa, las oportunidades de medrar eran muchas. Se distinguió al derrotar a Austria en Italia en una campaña brillante que culminó con el Tratado de Campo Formio (1797), y luego convenció al gobierno revolucionario para que atacara a Inglaterra mediante la invasión de Egipto. Pero la situación política era inestable en Francia, y Napoleón regresó a París, dándose la mayor publicidad imaginable con el golpe de estado del 18 de brumario, en el que derrocó al Directorio francés. En 1804 se proclamó emperador.
Durante la década siguiente, Napoleón I luchó contra las grandes y pequeñas potencias de Europa –Austria, Prusia, Rusia, Inglaterra, España, Portugal, Nápoles, Suecia, Sajonia y todas las demás– en un intento de afianzar la posición de Francia y la suya propia. Y aplastó a toda coalición que improvisaran contra él sus antiguos enemigos. Sus batallas fueron legendarias, y los militares siguen estudiando sus campañas. Su capacidad de organización y sus innovaciones logísticas permitieron a los motivados ejércitos franceses y a su creciente lista de aliados acabar con todo bicho viviente por todos los rincones de Europa.
Pero ni Napoleón pudo superar el desgaste y, finalmente, sus tenaces enemigos –que, simplemente, se negaban a morder el polvo– cambiaron las tornas. En Rusia y en España, los franceses sufrieron pérdidas humanas y materiales irreemplazables. Y los aliados de la coalición aprendieron incluso a cooperar, como en Leipzig en 1813 y en Waterloo en 1815. Hasta en la derrota, tan temible era Napoleón que los británicos lo encarcelaron en la lejana isla de Santa Elena, donde murió en 1821, a los 51 años.