Aníbal –de la gran familia de los Barca (que significa "rayo")– nació en Cartago alrededor del año 247 a. C. para provocar a los romanos pesadillas durante décadas e inspirar a los grandes generales durante siglos. Aníbal era el hijo mayor de Amílcar –héroe de la Primera Guerra Púnica– y a los 26 años fue elegido para ponerse al frente de Iberia. Pronto se casó con Himilce, una princesa íbera, y conquistó o se alió con la mayor parte de las tribus del lugar. En el año 219, atacó la ciudad fortificada de Sagunto, aliada de Roma... y estalló la Segunda Guerra Púnica.
La primavera siguiente, con un ejército de 100 000 hombres (y 40 elefantes), Aníbal cruzó los Pirineos, llegó a la Galia, intimidó o venció a todos los aliados de Roma que encontró en su camino, burló al ejército de Publio Cornelio Escipión y atravesó los Alpes. Este periplo, en el que superó las inclemencias del tiempo y los ataques de las tribus indígenas, es una de las hazañas militares más notables de la historia. Aunque, en el momento en que salió por las montañas en el norte de Italia, pasados 15 días, su ejército se había visto reducido a unos 20 000 soldados de infantería, 6 000 de caballería y 37 elefantes.
Durante los tres años siguientes, Aníbal arrasó Italia y causó bajas enormes al enemigo en Trebia, Trasimeno y Cannas. Estuvo a pocos kilómetros de Roma, pero – dadas las pérdidas que acumulaba– fue incapaz de apartar a Escipión del camino, y este tampoco tenía fuerzas para ganarle de manera decisiva debido a que el Senado romano había enviado a las legiones a atacar las ciudades cartaginesas de la Península Ibérica y el norte de África. Aníbal abandonó el saqueo y regresó a defender su patria. En el año 202, durante la épica batalla de Zama, Escipión derrotó decisivamente a Aníbal.
Después de la guerra, Aníbal pasó varios años metido en la política en Cartago, pero, en el 195, los romanos exigieron que se retirara de su cargo. Se unió a los seléucidas en su lucha desesperada contra Roma y, después de la derrota, huyó a Bitinia. Roma exigió que les fuera entregado, y este escapó a Libisa, donde se quitó la vida en el año 183 a. C.