Manikarnika nació en noviembre de 1828 en la ciudad santa de Beranés. Se casó con el maharajá de Jhansi en mayo de 1842, cambió su nombre a Lakshmibai en honor a la diosa hindú y se convirtió en rani (reina). Recibió una educación poco convencional, pues su adorado padre la había formado en esgrima, equitación, tiro e incluso en la lectura y la escritura; todas ellas habilidades que le resultarían útiles más adelante. En 1853, tras la muerte del maharajá y el fallecimiento prematuro del único hijo de la pareja, la Compañía de las Indias Orientales británica –con la avaricia típica anglosajona– invocó la "doctrina de la prescripción" y se anexionó el estado. Un año más tarde, concedieron a la rani una pensión que no quería y le ordenaron abandonar el palacio fortaleza.
Lakshmibai trató de buscar la restitución legal de la corona, pero, dado que lo hizo ante los tribunales británicos, no tuvo mucho éxito. De manera algo fortuita, en aquel preciso momento, en junio de 1857, todo el ejército de la India se amotinó. Aprovechando el caos, cinco días después la rani se escapó de su arresto domiciliario, declaró un alzamiento total y atacó la fortaleza británica en Jhansi. Pese a que el papel que tuvo en ello ha sido objeto de debate, la población británica del reino fue masacrada, hasta el último niño. Mientras se producían combates por toda la India, Lakshmibai preparó su ejército. A principios de 1858, se produjo la invasión del general Sir Hugh Rose, que llevaría unos miles de soldados regulares y muchos cañones.
La rani logró resistir durante dos semanas hasta que una columna de apoyo rebelde de unos 20 000 se aproximó. Por desgracia para la rani, los cañones británicos volaron por los aires a la fuerza combinada. Después de haber evacuado a todas las personas posibles de la ciudad y de la fortaleza, dirigió a los supervivientes en un esfuerzo desesperado por derrocar el dominio británico. En junio de 1858, en Gwalior, murió en un duro encontronazo con el 8.º Regimiento de Húsares. En cumplimiento de su último deseo, que su cuerpo no cayera en manos de los rencorosos ingleses, sus leales la quemaron en una pira funeraria allí mismo.