Entre los siglos XIV y XVI, los portugueses dominaron los mares. Las redes comerciales unieron Lisboa y los puertos de Asia, África y el Nuevo Mundo y cambiaron la forma en que vemos el mundo hoy. Por ejemplo, sin la introducción portuguesa de los chiles del Nuevo Mundo en Asia, no tendríamos comida tailandesa picante y, sin la presencia portuguesa en Japón, no tendríamos tempura (del latín "quatuor anni tempora", las témporas, un tiempo de ayuno). Pero no todo eran especias: las naos transportaban oro, misioneros católicos... y esclavos.
La nao era una versión más grande de la carabela, con velas cuadras delante y velas latinas en el mástil de mesana. Su envergadura les permitía navegar por mares más tempestuosos, en especial alrededor de los extremos meridionales de África y América del Sur, y llegar más lejos que la carabela o la coca.