Como dijo Íñigo de Artieta –el comandante español que acompañó a Colón al mar en 1492–, las carabelas eran "extremadas corredoras, buenas para descubrir tierras". La Niña y la Pinta eran carabelas, y Colón elogió a la primera por su maniobrabilidad, velocidad y seguridad. Desarrollada en el siglo XV y utilizada ampliamente durante el XVI, la carabela era una embarcación rápida de aparejo redondo o latino y contaba con tres mástiles, sobre una sola cubierta y un elevado castillo de popa. Parece ser que el diseño clásico de carabela (había una gran cantidad de variantes) era una fusión de un antiguo barco de pesca ibérico y el qarib árabe que surcaba el Mediterráneo. Pequeña, ligera y de poco calado en comparación con otros barcos de vela, era perfecta para explorar todos esos ríos y costas que los europeos encontraron durante la "Era de los descubrimientos". Probablemente, la primera visión que tuvieron los habitantes de aquellos lugares de la cultura europea fue una carabela cerniéndose sobre la costa. Después de los exploradores, llegaron los conquistadores, sacerdotes, comerciantes, aventureros y, finalmente, los colonos... y así la modesta carabela extendió la civilización por todo el orbe.