Los destructores se desarrollaron originariamente en el siglo XIX para mantener las molestas lanchas torpederas lejos de los dreadnoughts y combatieron por primera vez durante la guerra ruso-japonesa de 1904. Desde entonces, han desempeñado muchas funciones para las Armadas del mundo: patrulla, escolta, antiaéreas y antisubmarinos. Los primeros barcos que fueron designados "destructores de lanchas torpederas" (o, simplemente, "destructores") fueron los seis de la clase Daring (1892), de la clase Havock (1893) y de la clase Ferret (1894) de la Marina Real británica. Su diseño inicial –blindaje ligero, menos de 300 toneladas y armados con un cañón principal de 12 libras y varios cañones más pequeños y con uno o más tubos lanzatorpedos– muy pronto sería copiado por otras marinas de guerra. Los destructores sirvieron durante la Primera Guerra Mundial con el cometido de proteger a los barcos amigos y de atacar a los enemigos y demostraron ser especialmente eficaces contra los submarinos que atacaban a la marina mercante. Durante la Segunda Guerra Mundial, los destructores eran aún más rápidos, más maniobreros y llevaban suficientes pertrechos para misiones de largo alcance; en ambos océanos, fueron los caballos de batalla de las Armadas contendientes. Desde la década de 1960, se han añadido a la mezcla los destructores con misiles teledirigidos.