"A furore Normannorum libera nos, Domine". La famosa oración, normalmente susurrada por los desventurados que tenían la mala suerte de avistar las velas de los drakkars vikingos, lo resume todo perfectamente. Desde Irlanda hasta las murallas de París, los drakkars transportaban a los feroces normandos en sus viajes de muerte y pillaje. Pero también llevaron a los exploradores nórdicos a través del Atlántico Norte hasta Islandia, Groenlandia y Norteamérica, y a los comerciantes a lugares tan alejados como Roma y Constantinople. De hecho, los drakkars fueron la cumbre del diseño naval europeo entre los siglos IX y XIII. Los vikingos disponían de varios tipos de embarcaciones largas, aunque el más famoso era el drakkar: un velero elegante, estrecho, decorado profusamente (con dragones, serpientes y similares) y que era utilizado principalmente para realizar incursiones. Podía navegar por aguas profundas, pero su calado poco profundo le permitía también remontar ríos, lo que resultaba muy útil para saquear ciudades como París.