El término "crucero" se utilizó por primera vez a mediados del siglo XVII para referirse a un barco de guerra que podía operar sin depender de una flota (lo bastante rápido como para huir de algo con cañones superiores, y con tamaño suficiente para destruir a naves peor armadas). Durante los dos siglos siguientes, se usaron a menudo para asaltar a barcos comerciales y, ocasionalmente, como parte de una flota para proteger al grupo principal. No fueron una figura destacada en la vida naval... hasta la llegada de los misiles de largo alcance. Aunque durante la Guerra Fría varias armadas invirtieron en el diseño y en la construcción de cruceros portamisiles (incluso la imponente armada peruana contaba con uno), solo los estadounidenses y los soviéticos han mantenido los suyos a flote. El primero de los cruceros de clase Ticonderoga de la Armada de los EE. UU. fue botado en 1981 y la suya es, posiblemente, una de las categorías más poderosas en activo. Lleva 122 tubos de lanzamiento con una variedad apabullante de misiles tierra-tierra, tierra-aire y antisubmarinos, lo que le permite enfrentarse a prácticamente todo.