Cuando esos confederados locos que iban en el Hunley hundieron el USS Housatonic en 1864, se inició una nueva era de la guerra naval; por desgracia, el propio Hunley también se hundió, llevándose consigo a la tripulación. Sin embargo, el submarino había hecho su aparición furtiva. El buque submarino, sumergible, submarino alemán o "submarino", sin más, es una nave pensada para acercarse sigilosamente a un objetivo bajo el agua y hundirlo con torpedos... o, si es posible, emerger y usar sus patéticas armas de cubierta. Alemania fue pionera en su uso para atacar buques mercantes –tarea en la que fueron realmente eficaces– durante la Primera Guerra Mundial, y luego durante la Segunda Guerra Mundial, donde llegó a hundir cerca de 14,5 millones de toneladas de cargamento enemigo (y algún que otro buque de guerra) desde 1939 hasta 1945. Los avances en los tanques de lastre, sistemas de energía, paneles de mando, recubrimiento del casco y demás iniciaron una "carrera submarinística" entre las superpotencias de la posguerra que culminó en los buques sumergibles de profundidad con propulsión nuclear... y armados con misiles atómicos que podían lanzarse contra los centros de población.