El "Unterseeboot" (submarino alemán) infundió miedo y rabia en los enemigos de Alemania durante las dos guerras mundiales. El primer submarino de fabricación alemana, el Brandtaucher ("buzo incendiario"), de 8 metros de eslora, se hundió durante la primera inmersión de prueba en el puerto de Kiel. Le siguieron varios sumergibles construidos en Alemania, que fueron vendidos a griegos, otomanos y rusos (todos con historias bastante lamentables). Finalmente, los alemanes lo consiguieron: el U-19 –se cansaron de ponerles nombre– fue botado en 1912 con motores diesel de dos tiempos, 4 tubos lanzatorpedos, 2 ametralladoras de cubierta y podía sumergirse a 50 metros. Al principio de la Primera Guerra Mundial, Alemania contaba con 28 submarinos. En las 10 primeras semanas, hundieron 5 cruceros británicos. Eran tan efectivos que el Tratado de Versalles prohibió la construcción de submarinos alemanes. Pero la flota fue reconstruida y, a finales de la Segunda Guerra Mundial, ya había hundido 2779 buques (confirmados), que sumaban 14,1 millones de toneladas; aproximadamente, el 70% de las bajas aliadas en todos los escenarios. En 1955, Alemania Occidental obtuvo el permiso para poder tener una armada... y no tardó en empezar a construir submarinos. Los más recientes, de marzo de 2015, son los U-35, no nucleares.