Wolfgang Amadeus Mozart –sin duda, un niño prodigio– ya dominaba varios instrumentos cuando dio su primer recital en público con seis años. Wolfgang fue el único hijo varón que sobrevivió de Leopold Mozart y de Anna Maria Pertl; su padre era un conocido músico de la corte de Salzburgo. Leopold se dedicó a sus hijos y vio el talento de estos a una edad temprana; comenzó a enseñar a tocar,a su hija Maria Anna, el piano cuando esta tenía siete años, mientras que el pequeño Wolfgang observaba. Mozart resultó mejor pupilo aún, y en dos años ya había aprendido no solo a tocar el piano, sino también el violín y el clarinete.
En 1762, Leopold llevó a su talentosa hija (de 11 años) y a su hijo (de 6) a la corte de Baviera en la primera de varias "giras por Europa". Mozart continuó aprendiendo nuevos instrumentos mientras Maria Anna se convirtió en una virtuosa del piano. En diciembre de 1769, padre e hijo partieron para una gira italiana, dejando a Maria Anna en casa con su madre. Mientras estaban allí, el joven Mozart compuso su primera obra musical, una ópera para la corte de Milán. Tras volver a Salzburgo en 1773, al adolescente se le dio el puesto de maestro de conciertos ayudante, pero pronto se puso a buscar un cargo mejor y recorrió Mannheim, París y Múnich antes de establecerse por su cuenta en Viena como intérprete y compositor.
Durante la década de 1780, Mozart fue prolífico tanto en conciertos de producción propia como en los patrocinados por sus mecenas, en los que a menudo estrenaba sus nuevas obras. Su esfuerzo fue prodigioso: en un lapso de cinco semanas, dio 22 conciertos. Y se casó con Constanze Weber, que le daría seis hijos. Pero su ritmo de producción y conciertos, junto con el estilo de vida extravagante de la pareja –y tal vez su legendaria pugna con Antonio Salieri– le pasaron factura. Su salud física y mental se deterioró súbitamente y, en 1791, a los 35 años, Mozart murió.