Casi todo el mundo reconoce de inmediato los acordes del Vals de las Flores de la Suite del Cascanueces, el hilo conductor canónico de la Obertura 1812 o el sabor a allegro de la obertura de El Lago de los Cisnes. Estas obras –así como numerosos ballets, óperas, oberturas, sinfonías y conciertos– señalan a Piotr Tchaikovsky como el compositor más grande de Rusia (al menos) de todos los tiempos.
Tchaikovsky nació en mayo de 1840, y las obras que compuso de adolescente se interpretaron en público por primera vez en 1865. Era el segundo de los seis niños que sobrevivieron de Iliá y Alexandra (que murieron de cólera cuando Piotr tenía 14 años). Cuando cumplió los 21, pese a que había cumplido los deseos de su padre de conseguir una fuente de ingresos estable al obtener un puesto de funcionario en el Ministerio de Justicia, se apuntó al Conservatorio de San Petersburgo, recién creado. En 1863 se trasladó a Moscú, donde se convirtió en profesor de armonía en el conservatorio de esa ciudad.
Ya con un empleo, puso en marcha una carrera prolífica como compositor que dio como resultado una docena de obras (algunas fueron muy bien acogidas por la crítica y otras con absoluta indiferencia por el público). El Lago de los Cisnes fue un gran éxito de recaudación en 1876, por lo que renunció a su puesto en el conservatorio en 1878 para dedicarse por entero a componer sin verse distraído por los estudiantes y las exigencias de los acreedores. Con el tiempo, produjo en gran abundancia: 169 piezas, incluidas La Bella Durmiente (1890) y El Cascanueces (1892), ya cerca del final de su vida.
En su vida personal consiguió menos éxitos. En un intento por reprimir su homosexualidad, mal vista por la sociedad rusa, se casó con una joven estudiante de música llamada Antonina en 1877. El matrimonio solo duró unas pocas semanas. Durante el ataque de nervios consiguiente, Piotr intentó suicidarse. Durante la siguiente década, sufrió largos ataques de depresión. Tchaikovsky murió en 1893, solo, en San Petersburgo.