Aunque no se la considere compositora –a su marido Robert Schumann, sin embargo, sí– Clara Wieck Josephine sí que fue reconocida como una de los más grandes pianistas del Romanticismo de la música clásica. En una aclamada carrera que abarcó seis décadas, cambió el formato, el estilo y la oferta de los recitales tradicionales de piano y refinó los gustos del público en general.
Clara nació en Leipzig, en septiembre de 1819, y era hija de un maestro de música que insistió en que aprendiera a tocar el piano y el violín, canto, teoría, armonía, composición y contrapunto. Fue bajo su mirada vigilante que ella comenzó a actuar en público desde que tenía 8 años. En 1840, con gran disgusto de su padre, se casó con Robert Schumann, uno de los alumnos de este. Juntos pusieron en marcha una lograda colaboración musical, en la que él componía y ella tocaba el piano. Clara siguió dando conciertos a pesar de casarse y ser madre (tuvieron ocho hijos entre 1841 y 1854), algo inaudito... y un poco escandaloso.
Los muy respetados Clara y Robert trabaron amistad con un gran número de jóvenes artistas y compositores de talento. En 1844 conocieron a Joseph Joachim –un prodigio del violín de 14 años de edad– que después acompañaría a Clara Schumann en una serie de giras. En 1853 les presentaron a Johannes Brahms, entonces un desconocido, y le animaron a dedicarse a su pasión de componer para el piano; Clara fue la primera en tocar sus trabajos en público.
Después de perder a su marido, que pasó por una depresión, intento de suicidio, suicidio y muerte, Clara apenas perdió la compostura en una serie de giras de conciertos en su memoria, en los que tocó muchas de sus piezas sin terminar con grandes elogios de la crítica, a menudo junto con Joachim. Durante 40 años siguió siendo la pianista más grande, pero sufrió un derrame cerebral en marzo de 1896 y murió unas semanas más tarde.