"¿Cuántos ángeles pueden bailar en la cabeza de un alfiler?". Por tonta que pueda parecer esta pregunta hoy en día, la consideró muy seriamente Tomás de Aquino, un defensor de la escolástica que exploró la intersección de los aspectos filosóficos del espacio con las cualidades atribuidas a los ángeles mediante el razonamiento dialéctico. El fraile dominico Aquino demostró ser el defensor más elocuente y firme del cristianismo, en un periodo en que la necesidad de una racionalidad como complemento de la fe era de una importancia fundamental para la teología católica frente a los desafíos de los pensadores progresistas del Renacimiento. Se le considera el fundador de la "teología natural" y, por ello, fue canonizado en 1323.
Tomás, hijo del conde de Aquino, nació alrededor del año 1225 en Roccasecca. Con solo cinco años lo enviaron a Montecassino para que estudiara con los monjes benedictinos. En torno al año 1239 entró en la universidad de Nápoles, pero entró en secreto a la orden de los dominicos y recibió los hábitos en 1244. Su familia quedó tan decepcionada –tenía planes políticos para él– que lo encerraron en la fortaleza de San Giovanni. Pasado un año lo pusieron en libertad y Tomás prosiguió sus estudios con los dominicos en Nápoles, París y Colonia, y finalmente se doctoró en teología. Tras haber aprendido todo lo que se sabía de Dios (o, al menos, lo que sabían los cristianos), se dedicó a viajar, escribir, predicar y dar clases; las instituciones religiosas y las universidades laicas se disputaban por igual el honor de que "el apóstol cristiano" las visitara.
Pero, sobre todo, escribió prolíficamente, dando lugar a unas 60 obras conocidas que abarcan una amplia gama de temas, desde comentarios a la Biblia a discusiones sobre la filosofía natural de Aristóteles. Se considera que su inacabada "Suma Teológica" –escrita entre 1265 y 1274– es una de las obras filosóficas más influyentes de la civilización. Después de haber implantado un programa de estudios teológicos en Nápoles, el consejo ecuménico lo convocó para reunirse en Lyon. Partió en enero de 1274, a pie... pero murió en el camino.