Juan el Bautista es una figura central de tres religiones –el judaísmo, el cristianismo y el islam (e incluso de sectas olvidadas, como el mandeísmo) y, en general, los fieles lo consideran el precursor de Jesucristo. Nacido el año 5 a. C. en algún lugar de Judea, Juan era –supuestamente– el resultado de la intercesión divina en Zacarías e Isabel, que era demasiado anciana para tener hijos. Zacarías, temeroso y dubitativo de la situación que se le planteaba, se quedó mudo por un tiempo como castigo. Así, el niño nació y se llamó Juan en cumplimiento de "la voluntad de Dios".
Nombrado sacerdote de la orden de Abías, a los 30 años Juan comenzó a predicar en las orillas del río Jordán sobre los males de la época, la venida del Mesías y a bautizar a las personas en agua, lo que le valió el sobrenombre de "el Bautista". Cuando Jesús acudió a él para que lo bautizara, según las Escrituras, Juan lo reconoció como compañero profeta y le dijo: "Es a mí a quien deberías bautizar". Pero Jesús convenció a Juan de que lo bautizara de todos modos, con lo cual los cielos se abrieron y el espíritu de Dios apareció en forma de paloma. Jesús se fue a recorrer Galilea y la fama de Juan creció... hasta que se cruzó en el camino de Herodes Antipas, tetrarca de Galilea y Perea.
Juan no tenía muy buena opinión del matrimonio de Herodes con la mujer de su hermanastro Filipo, la adúltera e incestuosa Herodías. Proclamaba su condena a los cuatro vientos y Herodes, finalmente, lo hizo detener y encarcelar en la fortaleza de Maqueronte. Más tarde, Herodes prometió a la hija que tenía con Herodías –Salomé, famosa por sus bailes– todo lo que deseara. A instancias de su madre, la muchacha pidió la cabeza de Juan... literalmente. Y así Juan el Bautista murió en algún momento entre el 33 y el 36 d. C.