Madhua Acharya, hijo de un brahmán piadoso y de edad avanzada, nació en una aldea, cerca de la ciudad de Udupi, en el año 1238 d. C. Educado por su padre, a la temprana edad de 11 años sintió un "impulso interior irresistible" a consagrarse y llevar una vida de asceta. Cuando Achiuta Preksha –el santo del pueblo y seguidor posterior de la escuela duaita del hinduismo– inició a Madhua en el saniasa (la etapa de la vida de renuncia al mundo), rebautizó al joven como Purna Pragñá (por el que ahora lo conocen los fieles).
Siete años después de tomar los votos, Madhua emprendió una peregrinación a lugares como Benarés, Allahabad y Delhi. Por el camino debatió con varios eruditos religiosos eminentes y otros hombres sagrados (budistas, jainistas e hindúes) y llegó a reunir discípulos propios. En este viaje llegó a Badri, donde guardó un voto de silencio durante 48 días mientras se bañaba con frecuencia en el sagrado Ganges. Cuando volvió a sus vagabundeos, dictó su primer comentario a los Brahma-sutra y con ello puso los cimientos filosóficos de la escuela duaita del hinduismo vedantista. Esta escuela establece una distinción estricta entre Dios (Paramātman) y las almas individuales (yivatmán); por lo tanto, desde su punto de vista, las almas no son creación de Dios, pero sí dependen de él para su existencia.
Tras regresar a Udupi, Madhua Acharya escribió sus bhashias (comentarios) a los diez Upanisads y compuso 40 himnos del Rigveda. Luego, peregrinó a Badri de nuevo, descalzo y con un bastón de monje en la mano, y recorrió Goa en el camino de vuelta a su ciudad natal. Se supone que disfrutó de una vida larga y llena de buena salud gracias a sus observancias religiosas. Después de pasar las décadas siguientes dedicado a enseñar su teología a sus discípulos y enviarlos a peregrinar para difundir sus ideas, a la edad de 79, Madhua "desapareció de la vista" y se transfirió a Badarikashram. Allí permanece, inmóvil.