Los relatos sobre la vida de Bodhidharma son en gran parte apócrifos, como era de esperar, dado que era un monje budista que llegó a China desde la India hace unos 1500 años, durante la dinastía Liu Song (420-479 d. C.) o la Liang (502-557 d. C.). La tradición le atribuye la creación de la rama zen del budismo mahāyāna con la fundación del monasterio de Shaolin, cerca de Zhengzhóu, en la provincia de Henán. Así, Bodhidharma se convirtió en el primer patriarca budista en China y en el maestro de los monjes de Shaolin (lo que supuestamente inició el entrenamiento que condujo a su forma de kung-fu).
A falta de cualquier hecho contrastado, abundan las historias. Una de ellas cuenta que, poco después de reunirse con el emperador Wudi Nan –que le había preguntado en relación con el karma positivo acumulado mediante la construcción de templos budistas–, Bodhidharma se retiró a un monasterio en Luoyang, donde pasó nueve años mirando una pared de la cueva profundamente concentrado. Otra afirma que, en un arranque de ira después de caer dormido varias veces mientras meditaba, se cortó los párpados... y que al tocar estos el suelo brotaron las primeras plantas de té. Aún hay otra que narra la historia de cómo Bodhidharma se negó a reanudar la enseñanza hasta que el estudiante aspirante Dazu Huike, que había estado en vigilia en la nieve, fuera del monasterio Shaolin, se cortara el brazo izquierdo para demostrar su sinceridad. Así, no es de extrañar que en todo el arte budista se represente a Bodhidharma como un tipo malhumorado, con los ojos abiertos e implacable.
Según la tradición, Bodhidharma viajó desde China a las islas de Indonesia y allí difundió el conocimiento de la doctrina mahāyāna y de las artes marciales antes de regresar a China por Nanyue. Ni tras su muerte se quedaría quieto. Tres años después de que Bodhidharma muriese, un funcionario chino se lo encontró calzado de un solo pie por un camino perdido de la cordillera del Pamir; cuando abrieron su tumba, solo encontraron una sandalia.