Oppidum significa simplemente "asentamiento" en latín, pero en la práctica se refería a un asentamiento urbano amurallado de una pequeña población de las provincias de Roma –en especial, la Galia– y, como tal, marca la aparición de las primeras ciudades de verdad en Europa al norte de los Alpes. Un oppidum típico era una combinación de ciudad y fortaleza. Antes, los ciudadanos vivían fuera de los muros de protección, mientras que los soldados armados o los nobles tenían un fuerte en la colina, que constituía una posición elevada y fortificada. Con un oppidum, la actividad económica y productiva se daba con relativa seguridad incluso con enemigos cerca. Los muros también servían de separación entre los habitantes de la ciudad y quienes vivían en el campo, lo que permitía a los primeros sentirse un poco superiores a los segundos, aunque estas "ciudades" eran muy pequeñas para nuestros estándares, o incluso los estándares romanos.