A diferencia de lo que reflejan algunos programas televisivos infantiles, los barrios no siempre son esos lugares alegres en los que todo el mundo se relaciona y comparte una serie de valores positivos. Con la llegada de la revolución industrial, había más población en las ciudades que en el campo por primera vez en la historia; dadas las limitaciones y la lentitud del transporte, en ciudades como Londres, Nueva York o Berlín empezaron a construirse edificios de viviendas cerca de las fábricas y las oficinas. Luego, con la llegada del teléfono y el automóvil, los trabajadores de la clase media comenzaron a trasladarse a la periferia. A finales del siglo XIX, Londres contaba con complejos residenciales como Wembley Park o Kingsbury Garden Village, y otras ciudades industrializadas no tardaron en seguir sus pasos.