Los bizantinos –como los romanos antes que ellos– adoraban las carreras de carros. En el hipódromo (del griego "camino de caballos"), unos equipos de carros de cuatro equinos daban vueltas alrededor de una pista en forma de U, una ligera mejora respecto a los sangrientos fosos gladiatorios de Roma. Las rivalidades entre los equipos fueron tan intensas que dejan en paños menores a las rivalidades actuales entre hooligans. En el año 532, los "disturbios de Nika" entre fanáticos rivales incendiaron la mitad de la ciudad de Constantinopla y casi acabaron con el emperador Justiniano. En aquellos tiempos, el hipódromo era de vital importancia para la felicidad (y, a veces, la infelicidad) de los habitantes de la ciudad y era un sitio donde los ciudadanos podían ver y vitorear al emperador (o abuchearlo).