Se calcula que en el año 2050 el 70% de la población mundial vivirá en zonas urbanas, consumiendo unos recursos escasos y generando residuos a unos niveles sin precedentes en la historia. Esta tendencia ha ido al alza desde que surgieron las primeras ciudades en Egipto, Mesopotamia, la India y China, cuando la humanidad abandonó la agricultura de subsistencia y las sociedades primitivas podían permitirse alimentar bocas "inútiles" (como las de sacerdotes, filósofos y burócratas, entre otras). No obstante, las ciudades estaban limitadas a la población que la agricultura local podía abastecer, ampliándose el término "local" con la expansión del transporte. Además, la producción agrícola requería mucha mano de obra, y en las ciudades el número de trabajos disponibles para artesanos y otros oficios era limitado. Este equilibrio que había durado años se vio alterado con la Revolución Industrial.
En 1800, solo el 3% de la humanidad vivía en ciudades. En 1900, la cifra había ascendido al 14% y ya en el mundo había doce ciudades con más de un millón de habitantes. Medio siglo después, el porcentaje de población urbana se había duplicado y las ciudades con más de un millón de habitantes eran ochenta y tres. Las ciudades cada vez estaban más pobladas. El número de megaciudades (diez o más millones de habitantes) pasó de tres en 1975 a dieciséis en 2000, y se calcula que en 2025 serán veintisiete. Todo gracias a la tecnología.
Los sociólogos defienden que la Revolución Industrial supuso el fin de los cuatro límites naturales del crecimiento de los núcleos urbanos: distancia a los suministros de alimentos y agua, alcance geográfico de las murallas y fortificaciones, la velocidad del tráfico y la disponibilidad de electricidad. La locomotora, el coche, el gas natural, las tuberías en los hogares o los aviones facilitaban la vida en las ciudades. Gracias al teléfono y al automóvil, a principios del siglo XX se produjo una nueva fase en el crecimiento de las ciudades, surgieron núcleos urbanos en la periferia, la gente ya no tenía que vivir cerca de las fábricas o las oficinas y podía volver a residir en el "campo".