Francisco de Paula Santander fue durante mucho tiempo el homólogo de Simón Bolívar, tanto aliado como enemigo del Libertador, y hoy sigue siendo uno de los mayores héroes colombianos. Fue uno de los dos generales de división que sirvieron en la crucial batalla de Boyacá, un asalto al centro del poder español en Colombia, después de conducir (junto a Bolívar) a las tropas en una caminata agotadora por ríos desbordados por la lluvia y pasos de montaña helados para pillar desprevenidos a los españoles. La batalla supuso una victoria para las fuerzas colombianas, y su éxito llevó a Bolívar a declarar completada la liberación de la Gran Colombia.
Pero la asociación entre ambos iba a atravesar momentos difíciles. Mientras que Bolívar era partidario de un gobierno vitalicio para los líderes y practicaba un culto a su propia personalidad, Santander –el "Hombre de las leyes", como se le conoció más tarde– se decantaba por un gobierno constitucional. Su enfrentamiento se acentúo cuando Bolívar se declaró dictador, algo que Santander no podía apoyar de manera alguna. Su negativa le granjeó la enemistad de gran cantidad de partidarios de Bolívar, incluidos muchos de sus camaradas generales. Además de con los partidarios de Bolívar, Santander también tuvo que enfrentarse a los que querían ver la Gran Colombia dividida en unidades más pequeñas e independientes.
Santander se vio implicado en un complot para matar a Bolívar, por el que lo degradaron y condenaron a muerte. Sin embargo, Bolívar le conmutó esta pena por el destierro y, años después, cuando la Gran Colombia se fragmentó en estados más pequeños, le permitió regresar. Se convirtió en el presidente de Nueva Granada y sigue siendo un personaje central en la actual Colombia, sobre todo para aquellos que abogan por el estado de derecho y el control del poder militar.