Mariano Montilla fue uno de los primeros partidarios de la independencia y estuvo presente en la proclamación de independencia del estado de Venezuela en 1810. Pero esta revolución, y la Primera República de Venezuela, no duraron mucho. Tras un terremoto devastador en 1812 y una serie de derrotas militares, la república capituló y Montilla huyó a los Estados Unidos. Con ello, escapó de lo peor de la violencia que siguió a la caída de la Primera República.
Cuando Montilla estaba en el exilio, Bolívar comenzó su "Campaña Admirable" para liberar a Venezuela desde el oeste, mientras Mariño hacía lo propio desde el este. Montilla regresó y, a pesar de haber luchado antes por una Venezuela independiente (en oposición a una Gran Colombia unida), se unió a las fuerzas de Bolívar. Defendió San Mateo, Ocumare y Carabobo. También dirigió la defensa de la ciudad de Cartagena pero, cuando esta cayó, Montilla se vio obligado de nuevo a exiliarse al norte.
Regresó de nuevo, esta vez para que lo pusieran al frente de un contingente irlandés en la isla de Margarita. Desde allí, dirigió incursiones en territorio ocupado por los realistas en la costa caribeña y acabó luchando en otro asedio de Cartagena, pero esta vez por el bando del sitiador y saliendo victorioso.
Después de la independencia, Montilla apoyó al ala bolivarista de la política de la Gran Colombia. Por ello, fue al exilio de nuevo y regresó otra vez para apoyar la creación de una Venezuela independiente, a la que al fin vio nacer. En la actualidad, su cuerpo descansa en el lugar más eminente de Caracas, el Panteón Nacional de Venezuela.