La navegación celeste (o "astronavegación", que suena más científico que artístico) es la práctica de tomar medidas angulares entre un cuerpo celeste (el Sol, la Luna, un planeta o una estrella) y un punto en el horizonte para determinar la posición de uno en el mundo. Fue una habilidad muy útil para los primeros navegantes que se aventuraban hasta perder la costa de vista. La altura del Sol sobre el horizonte al mediodía, cuando se compara con la altura de otros cuerpos, les daba la latitud del barco, por ejemplo. Del mismo modo, una medida angular hasta la estrella Polar y una medida similar hasta una estrella cercana al horizonte occidental y oriental podía darles una posición longitudinal bastante precisa.
La polinesia quizá sea la forma de navegación celeste más conocida y posiblemente también fue la primera en aparecer; sus "navegantes" memorizaban las posiciones del firmamento en todas las estaciones y podían cruzar miles de kilómetros de océano abierto con un margen de error muy pequeño, según dicen. En la Europa medieval, la navegación celeste se consideró una de las siete artes mecánicas, y el primer astrolabio de navegación lo utilizaron en el Mediterráneo los comerciantes musulmanes (tal vez, por su diseño, el astrolabio también permitía a los viajeros musulmanes localizar la alquibla y calcular los momentos de hacer el salat). Mientras tanto, la brújula magnética se extendió de China a toda la civilización.
Dado que la "navegación por cálculo" podía tener resultados desafortunados (como encallar y ahogarse o perderse y morir de hambre), eso de cruzar los mares abiertos utilizando el astrolabio y la brújula llegó a su apogeo durante la "época de los descubrimientos". La primera circunnavegación de la Tierra utilizó estas herramientas, junto con el sentido innato de la dirección de Magallanes (todo gran almirante del periodo lo tenía).
Finalmente, claro, la invención de la radio, el radar y la cartografía por satélite hizo todo el proceso mucho más fácil y seguro. Pero, incluso hoy en día, los marineros miran el cielo para mantener el rumbo y alejarse de los arrecifes.