La moneda, aunque apenas tenga un valor por sí misma, representa cierta cantidad de valor real y ha sido uno de los males de la civilización desde alrededor del año 2000 a. C., cuando se utilizaba una especie de recibo para demostrar la propiedad del cereal almacenado en los templos de Sumeria. Los egipcios pronto adoptaron la práctica para sus propios almacenes de grano, para que los individuos pudieran reclamar una parte de lo que habían "depositado" en él. Luego, pequeños trozos de metales raros, que eran mucho más difíciles de perder que los recibos escritos (sobre todo porque estos se hacían en tablillas de arcilla), llegaron a representar ciertas cantidades de diversos productos que se podían intercambiar... o acumular. De este modo, la riqueza pasó a determinarse por la cantidad de esos trozos que tenía una persona.
Pero el desplome de la economía comercial de Mesopotamia y del Mediterráneo hacia el año 1100 a. C. reveló un defecto en este concepto de moneda en circulación: que era tan buena como las garantías de riqueza que la respaldaban. Fue solo con la recuperación del comercio fenicio a través del Mediterráneo que la acuñación hizo su reaparición, esta vez respaldada por los gobernantes de las ciudades-estado de Fenicia y Grecia. La mayor parte de las economías más importantes de la época pronto pasaron a acuñar sus monedas; por lo general de oro, plata o cobre. El comercio floreció, los impuestos se pudieron pagar, la banca evolucionó y la gente ya incluso pudo endeudarse (un concepto totalmente nuevo).
Quedó en manos de los chinos "inventar" el papel moneda, inicialmente en forma de pagarés de las tiendas mayoristas, respaldados por el mercader, pero que solo eran útiles en una zona específica. La dinastía Song comenzó a emitir una moneda de papel más universal basada en el monopolio estatal de la producción de sal. Hubo que esperar hasta el siglo XIII para que este papel moneda finalmente se convirtiera en algo corriente y aceptable en todo el reino. Casi al mismo tiempo, las naciones islámicas adoptaron la práctica y establecieron una moneda de gran valor y estabilidad (el dinar, del que deriva la palabra "dinero"). Esto dio lugar a una economía monetaria floreciente y vigorosa; así, los musulmanes fueron los primeros en tener crédito, cheques, cuentas de ahorro y fiduciarias, tipos de cambio y todas las demás maravillas de una economía "moderna".