Cuando los arquitectos e ingenieros dejan de tocar las narices, los contratistas cogen las riendas. Cuando apareció la agricultura y hubo una razón para quedarse en un lugar, construyeron las primeras cabañas las personas que vivirían en ellas. A medida que las ciudades crecieron, durante la Edad de Bronce, aparecieron los profesionales de la construcción (solo albañiles y carpinteros en un primer momento). Esta nueva clase de trabajadores cualificados, incluido un montón de esclavos, sentó los cimientos de la civilización, literalmente.
La historia de la construcción es la historia de los avances en las herramientas, los materiales y la energía empleados en ella.
Las antiguas civilizaciones construían con madera de vez en cuando, pero sobre todo con ladrillos de barro y con piedra. Aunque son excepcionalmente duraderos, la piedra y el ladrillo son también muy pesados y poco flexibles. Es imposible construir edificios muy altos con estos materiales, a menos que el edificio en cuestión sea un sólido bloque de piedra o ladrillo y tenga forma de pirámide. De lo contrario, suelen caerse cuando se produce un temblor, como ocurrió con el Faro de Alejandría. Los griegos construían las cosas pequeñas con ladrillo, pero usaron mármol para los proyectos grandes, como el Partenón.
Aunque los romanos no desarrollaron ningún nuevo material de construcción aparte del hormigón, sí que revolucionaron la construcción en términos de diseño y de herramientas. El arco, la noria, el aserradero y diversas herramientas de mano vienen de ellos, que no solo construyeron acueductos, caminos y murallas, sino también muchas villas y coliseos bonitos. Mientras tanto, los chinos y los japoneses utilizaban la madera y desarrollaban la construcción con dinteles y el ensamblaje de caja y espiga para construir pagodas y palacios.
La revolución industrial trajo el acero a la construcción, que era fuerte y duradero. Con él, los contratistas podían tender puentes colgantes, abrir túneles profundos y erigir rascacielos imponentes y carreteras elevadas. Y las nuevas fuentes de energía –la electricidad, los motores de gas, la soldadura por arco, etc.– hicieron que la construcción fuera mucho más fácil.