El colonialismo es un fenómeno histórico presente en todo el mundo durante miles de años. Los fenicios y los griegos establecieron colonias en el Mediterráneo, y el primer paso para formar parte del Imperio romano normalmente era conquistar un territorio para colonizarlo. Pero fue entre mediados y finales del siglo XVI cuando las grandes potencias europeas se lanzaron de manera conjunta a explorar y colonizar nuevas tierras, motivadas por el rápido aumento de población, el progreso tecnológico, las restricciones económicas, la competencia militar, el fanatismo religioso y un afán de hacerse con los beneficios del comercio global.
Fue la pequeña Portugal –un reino unificado desde 1385 y, a diferencia de las grandes naciones, con escasos conflictos internos– quien inició la época del colonialismo. Circunvaló África navegando para evitar la Ruta de la Seda y sus redes de intermediarios del Asia central o Asia meridional, Arabia, el Imperio otomano y Venecia y fundó fuertes y asentamientos coloniales en las costas africanas. Pero fueron los españoles quienes llevaron a cabo la gran primera expropiación de la historia. Cristóbal Colón, en busca de la manera de financiar una nueva cruzada, se quedó un poco corto al calcular la circunferencia de la Tierra y pensó que podría alcanzar el Lejano Oriente si navegaba unos 4000 kilómetros dirección oeste, pero en su lugar se encontró un enorme continente con abundantes recursos y, comparado con Europa, poco habitado. Durante un siglo, España y Portugal fueron las únicas potencias con colonias en el Nuevo Mundo, pero los Países Bajos, Francia e Inglaterra también se establecieron allí con el tiempo.
La conquista de las Américas fue tan rentable para las "grandes" potencias que estas no se pararon ahí y también volvieron su atención hacia el mundo conocido y establecieron puestos comerciales, grandes compañías y, por último, un control directo en zonas de África, la India, el sudeste asiático y las islas del Pacífico. Cabe destacar la labor de los británicos gracias a la Marina Real y la abundancia de armas. Posteriormente, incluso antiguas colonias (Estados Unidos) y aquellos que tardaron en sumarse a la práctica (Alemania y Japón) disfrutaron de grandes imperios coloniales. Independientemente de la justificación (económica, religiosa, racista, moral o política), todos los países que tuvieron ocasión lograron encontrar a unos desafortunados nativos a los que "civilizar" a través de la colonización.