Según los politólogos, el nacionalismo "surge y florece en las sociedades modernas, siendo estas las que disponen de una economía industrial capaz de sostener a la sociedad, de una autoridad suprema capaz de mantener la autoridad y la unidad, y de una lengua o un pequeño grupo de lenguas centralizadas entendidas por la comunidad de habitantes". En otras palabras, el nacionalismo es un patriotismo desmesurado por el que un individuo se identifica en primer lugar con su país antes que con su ciudad, su región o su familia. Sus raíces se remontan a los hebreos, aunque no fueron los únicos, ya que los griegos, los romanos, los chinos y la Europa católica compartieron esta idea en los siglos posteriores.
El crecimiento de la clase media, sus ansias por alcanzar el poder político y el desarrollo del pensamiento democrático contribuyeron al aumento del nacionalismo. Durante el periodo del Terror de la Revolución Francesa, para los pensadores revolucionarios la "nación" era inseparable del "pueblo", y por primera vez el pueblo crearía un gobierno acorde con la voluntad colectiva que glorificara la nación a través de los principios de libertad, igualdad y fraternidad. Así comenzó la transformación política de la sociedad. Por otro lado, filósofos alemanes como Hegel y Herder defendían que el sentimiento nacionalista mantenía unidas a las sociedades modernas mediante expresiones culturales de nacionalidad. Luego, las Guerras Napoleónicas incitaron a toda clase de personas a resistirse al dominio extranjero (tanto de emperadores como de revolucionarios) según una identificación racial, étnica, lingüística o religiosa.
Con la caída del Sacro Imperio romano, y mientras el austro-húngaro y otomano se tambaleaban, surgió un sentimiento nacionalista en distintos pueblos como el polaco, el griego o el magiar. En otros lugares progresaron campañas independentistas impulsadas por un nacionalismo desenfrenado en Irlanda, Noruega y Bulgaria. Con la unificación de sus respectivos reinos, Alemania e Italia formaron nuevas naciones con una identidad común. En Serbia, todo esto derivó en una guerra mundial motivada por el nacionalismo.