Desde que el primer jefe tribal ordenó a sus súbditos que cogiesen los garrotes y siguiesen sus pasos, la movilización ha sido una prerrogativa de los gobiernos, aunque la "movilización" tal como la conocemos surgió cuando el Directorio llevó a cabo un reclutamiento masivo de fuerzas para defender la Revolución Francesa. En la época de la Guerra de Secesión, y gracias a las nuevas tecnologías, sobre todo al telégrafo y al ferrocarril, las naciones contaban con un método más eficaz para reclutar y reunir a las tropas. Se calcula que los Estados Confederados de América movilizaron a un 11% de su población (libre) para la guerra, y que Prusia podía movilizar rápidamente al 75% de sus reservistas, lo cual hizo con gran éxito durante la Guerra de los Ducados, la Guerra austro-prusiana y la Guerra franco-prusiana.
La planificación para la movilización estuvo liderada por dos naciones que sufrieron un rápido proceso de industrialización: Gran Bretaña y Estados Unidos. Los británicos necesitaban un modo de llevar a muchos casacas rojas a lugares remotos para mantener su imperio, y los estadounidenses necesitaban un modo de llevar a muchos casacas azules a lugares remotos para construir el suyo. Gran Bretaña fue capaz de movilizar rápidamente a sus tropas para someter a los bóers en África; Estados Unidos, espoleado por el movimiento independentista cubano, hizo lo propio con los españoles en el Caribe y Filipinas. El resto de Europa tomó nota y, cuando primero Austria y luego Rusia empezaron a movilizar a las tropas tras el asesinato del archiduque Fernando, todas las grandes potencias hicieron lo mismo.
Dos décadas después, el proceso se repetía motivado por la movilización parcial de Polonia ante la acumulación de tropas alemanas a lo largo de sus fronteras. A los pocos días, Gran Bretaña y Francia también movilizaron a sus ejércitos. Alemania, Italia y la Unión Soviética estaban en un estado casi permanente de movilización. Tras la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de potencias del "mundo libre" siguieron los pasos de Estados Unidos cuando los norteamericanos aprobaron la Ley de Seguridad Nacional de 1947, que era un plan integral para implementar un proceso rápido de movilización y despliegue. A medida que avanzó la Guerra Fría, esos planes se volvieron prácticamente irrelevantes ante la amenaza de la bomba nuclear.