Cuando el agua se calienta produce vapor. Hasta los bárbaros lo sabían. Sin embargo, no se pensó en aprovechar esta fuente de energía hasta que Taqi al-Din Muhammad Ibn Ma'ruf describió una turbina de vapor teórica para mover un espetón en el año 1551 d. C. Los avances hacia una máquina de vapor viable se iniciaron un siglo más tarde, cuando Edward Somerset publicó una colección de sus "inventos", entre los que se incluía una bomba de vapor, una maqueta funcional de la que había construido en el castillo de Raglan. Pero murió antes de que pudiera aprovecharla para la minería, como había planeado. En 1680 Huygens publicó unas memorias que describían un motor que accionaba un pistón; en 1698, un tal Thomas Savery construyó una muestra real de la máquina de Somerset... y la patentó junto con cualquier uso que se le pudiera dar a la energía del vapor.
Pero, en 1705, Thomas Newcomen acopló una caldera con un pistón en un cilindro. Siete años más tarde, ya asociado con el desabrido Savery, instaló su primera máquina de vapor comercial, destinada a bombear agua de las minas y sacarla. Muy pronto, todos los inventores aprovechaban el "poder del vapor" para cada máquina que se les ocurriera, aunque a veces volaban por los aires junto a sus calderas. En 1769, James Watt inventó el condensador separado instalando un segundo cilindro con un eyector hidráulico, lo que hizo que la máquina fuera mucho más práctica y segura.
La "revolución industrial" llegó con el vapor. En 1802 ya se instalaban motores de vapor en los barcos y, en 1825, aparecían los primeros ferrocarriles a vapor. La máquina de vapor revolucionó la industria y el transporte en todo el mundo. En menos de un siglo, el planeta estaba cubierto de vías de tren y rutas de vapores. Las grandes fábricas a vapor producían decenas de millones de toneladas de mercancías y de bienes de consumo. Los países industrializados disfrutaron de un aumento enorme en su productividad y riqueza (y en su contaminación). El carbón, el combustible principal para las máquinas de vapor, se extraía febrilmente por todo el planeta.
Finalmente, las máquinas de vapor se verían sustituidas por las máquinas de combustión interna, mucho más eficaces y menos contaminantes. Pero, antes de la llegada del petróleo, el vapor fue el rey, y el mundo moderno no habría existido sin él.