No muchas "tecnologías" (o, en este caso, una convergencia de varias de ellas) dan nombre a una revolución y una época. Los eruditos consideran que la industrialización es la transición de una sociedad agraria a una industrial, que históricamente ha ido acompañada de conmociones sociales y económicas generalizadas. Se ve impulsada por la invención de nueva maquinaria y el descubrimiento de nuevas fuentes de energía. La revolución industrial comenzó en Europa en el siglo XVIII y produjo cambios imprevistos en la manera en que la gente vivía, unos beneficiosos y otros perjudiciales.
Con una maquinaria cada vez más compleja y más herramientas disponibles, las artes y los oficios que antes se dejaban a los artesanos con talento se volvieron obsoletos con la llegada de las cadenas de montaje operadas por masas de obreros fabriles sin cualificación. Aparecieron nuevas profesiones. La gente se trasladó a las ciudades, donde se concentraban las fábricas y el transporte. El proceso supuso el cambio de una economía mundial de autosuficiencia a otra de fabricación y consumo. A medida que los salarios de los trabajadores subieron, crecieron los mercados de bienes y servicios, lo que exigió cada vez más producción, lo que derivó en un aumento en precios y salarios, y así sucesivamente, en una espiral continua.
La industrialización también está marcada por la urbanización, la explotación (las Naciones Unidas consideran que más del 40% de los empleados del mundo son "trabajadores pobres"), la complejidad de las instituciones, el consumismo desenfrenado, el capitalismo y el comunismo, un crecimiento demográfico sin precedentes y cambios complejos en todas las estructuras sociales, incluso en el núcleo familiar. La acumulación de capital permitió una inversión mayor en investigación científica y nuevas tecnologías, lo que aceleró el proceso de industrialización.
Algunos sostienen que hubo una segunda revolución industrial en el periodo de finales del siglo XIX, en el que el motor de combustión interna, la electricidad, la telefonía y máquinas fabriles innovadoras pusieron en marcha un nuevo ciclo de urbanización, consumismo y alienación social. Incluso hay quienes creen que la civilización ha entrado en una nueva "revolución industrial", pues basta con ver los cambios sufridos a lo largo del último cuarto de siglo.