La mecánica del lanzamiento de objetos se conoce desde hace bastante tiempo, pues a las culturas primitivas ya se les daba muy bien eso de lanzar cosas. La ciencia que estudia esta mecánica se conoce como "balística". Las primeras armas "balísticas" fueron palos, piedras y lanzas. Luego se inventaron los arcos, hace unos 10 000 años; después apareció la pólvora y el estudio de la mecánica de las cosas lanzadas se complicó bastante. El movimiento, el comportamiento y los efectos de las balas, obuses, proyectiles, bombas, cohetes y similares se volvió de gran interés para las fuerzas policiales y militares de toda la civilización.
Cuando el cañón se volvió algo común en la guerra, los ingenieros militares comenzaron a estudiar la combinación de factores (desde la elevación al efecto del viento) que podrían afectar a la trayectoria de una bala de cañón en su recorrido para destrozar un muro o a un ser humano. Ese estudio pronto se dividió en cuatro subcampos: la balística interior, que se ocupa de la aceleración inicial; la balística intermedia, que se encarga hasta que los gases propelentes abandonan el proyectil; la balística exterior, centrada en la trayectoria, y la balística terminal, que estudia los efectos cuando termina el recorrido (con suerte, como estaba previsto). Sus descubrimientos y los avances resultantes ayudaron a los militares a mejorar las armas y la comprensión de todo tipo de aspectos de la guerra (como el estudio de la "balística de heridas militar"). Balas mejores, bombas mejores y obuses mejores.
El estudio de la balística de heridas militar pronto se coló en el ámbito civil. El coronel Hooker Calvin Goddard –oficial del ejército, médico, investigador y científico forense– es considerado por lo general el fundador del campo de la balística forense, en la década de 1920. Fue pionero en el uso del microscopio de comparación para estudiar las balas de la escena de un crimen. Montó, no sin oposición, la primera oficina de balística forense del mundo, en la ciudad de Nueva York. Tanto éxito tuvo en la resolución de crímenes y en el enjuiciamiento de delincuentes que Hoover animó a las oficinas del FBI a seguir sus pasos. En la actualidad, eso es todo lo que sabe de balística una persona corriente repantingada frente al televisor.