El rayado del ánima es simplemente el corte de ranuras helicoidales en la parte interior del cañón de un arma de fuego con el fin de inducir la rotación de una bola o bala que sirve para estabilizar giroscópicamente el proyectil y proporcionarle mayor precisión y alcance. En pocas palabras, era todo lo que necesitaba un tirador experto para dar en cualquier blanco con un mosquete, pero cualquiera que tuviera un pulso firme también tenía una probabilidad razonable de lograrlo.
Aunque es peliagudo decir a quién se le ocurrió la idea, el rayado de las ánimas de los mosquetes lo iniciaron varios armeros en Augsburgo a finales del siglo XV; August Kotter de Núremberg mejoró el diseño hacia 1520. Sin embargo, el rayado no era especialmente eficaz con las armas de pólvora debido a los residuos que dejaba en el cañón (que ensuciaban las estrías); las armas de pólvora negra de ánima rayada más eficaces fueron las pistolas de retrocarga, como las Reina Ana, de llave de pedernal. Aunque el rayado del ánima data del siglo XVI, no se popularizó hasta las guerras de la era industrial.
A principios del siglo XVIII, Benjamin Robins, un matemático inglés, demostró que una "bala" alargada en lugar de una bola conservaba el giro del cañón de un fusil pero ofrecía una mejor resistencia al aire. En un par de décadas, la mayoría de ejércitos continentales tenían batallones de fusileros para complementar a los regimientos de infantería armados con mosquetes. Al principio, estas unidades se utilizaron como tiradores contra los oficiales enemigos... realmente, como francotiradores. Pero, llegadas las guerras napoleónicas y sobre todo durante la Guerra de Secesión, los soldados armados con fusiles ya estaban integrados en la infantería regular.
En 1866 se desarrollaron los fusiles de retrocarga: el de "percutor de aguja" alemán, el Tabatière francés, el Snider-Enfield británico. Los fusiles de cerrojo, como el Chassepot, supusieron que estas armas pudieran cargarse más rápido y dispararse incluso estando cuerpo a tierra. El "fusil revólver" Colt estadounidense fue el primero "de repetición". A excepción de algunos perfeccionamientos más mortales –como el fuego automático y las miras telescópicas– las armas de ánima rayada habían alcanzado su punto culminante.