Al igual que todo lo relacionado con la cohetería, los alemanes fueron pioneros en la creación de silos de misiles subterráneos y construyeron el primer complejo cerca de Saint-Omer en 1944. Su misión era almacenar y lanzar cohetes V2 contra Inglaterra, pero no llegó a entrar en funcionamiento a causa de los bombardeos masivos aliados. Los británicos coquetearon con la idea de las instalaciones de lanzamiento subterráneas en la década de 1950 para sus misiles y llegaron a construir unas, pero luego se decidieron por los submarinos para sus ICBM (misiles balísticos intercontinentales). Sin embargo, los americanos y los rusos se tomaron muy en serio la idea de enterrar los misiles nucleares (como si fuera a servir de algo en caso de iniciarse una Tercera Guerra Mundial). El objetivo principal de los silos era asegurar un lanzamiento rápido de misiles UR-100 soviéticos o Titan II americanos para conseguir la aniquilación mutua. Desde la Guerra Fría, los rusos han trasladado la mayoría de sus ICBM a submarinos, los americanos todavía tienen 450 en funcionamiento y China ha construido unos cuantos silos, pero sigue prefiriendo las lanzaderas de ICBM móviles.